Las 5 heridas de la infancia. Herida de rechazo

Y con este post llegamos al último de esta serie de artículos dedicados a las heridas de la infancia. En esta ocasión voy a seguir con la herida de rechazo.

Por si te lo perdiste o quieres volver a revisar las demás heridas te recuerdo todos los artículos anteriores:

Herida de abandono

Herida de humillación

Herida de traición

Herida de injusticia

Como habrás ido viendo en esta serie de artículos, el tema de las heridas de la infancia me apasiona, ya que descubrir todo ello me ayudó a indagar mucho más en mi autoconocimiento y contribuyó a mi transformación, así como la de mis alumnas.

Te animo a que tú también sigas indagando en este profundo y sanador tema para detectar cuáles son tus heridas.

Como siempre, empezaremos viendo primero el bloqueo que se esconde detrás de la herida de rechazo, en este caso.

Bloqueo interno de autorrechazo

El bloqueo interno de autorrechazo tiene que ver con la herida más profunda que, por desgracia, tenemos muchísimas personas y tiene que ver con la herida de rechazo. No es de extrañar que el miedo a hablar en público sea considerado el miedo nº 1 en la actualidad, por delante del miedo a la muerte. Y es que somos seres sociales y no sobreviviríamos completamente solos en este mundo.

El bloqueo de auto-rechazo consiste en anularse, no aceptarse a uno mismo tal y como soy. Como si no tuviera derecho a vivir.

Cuando vivimos con este bloqueo, solemos aislarnos creando castillos imaginarios. Por ejemplo, durante mi adolescencia y juventud, me encantaba escribir cuentos, historias, pequeñas novelas, poemas… pero no lo compartía con nadie.

Además, las personas con este bloqueo no pasamos a la acción por miedo a ser rechazados o ser juzgados.

Este bloqueo deriva en las siguientes actitudes limitantes:

  • Huir de uno mismo. La idea de huida podría resumirse en esta frase: “Me da miedo encontrarme con quien soy, con mi verdadera esencia”.
  • Desapego exagerado de lo material por si necesitas salir corriendo.
  • Procrastinación. Temes no hacer las cosas bien y ser juzgado, por lo que no pasas a la acción.
  • Miedo a la exposición y mostrarte al mundo cómo eres, pues podrían criticarte, burlarse de ti… es decir, rechazarte.
  • Baja autoestima en el sentido más existencial, infravaloración de ti mismo. Hay una idea profunda y terrible que es la de “no merezco existir”.

Como ves, la base de esta herida y bloqueo es algo muy muy doloroso, que cuesta incluso reconocer.

Es uno de mis grandes bloqueos principales, pues me he sentido rechazada en multitud de ocasiones de mi vida, prácticamente desde que nací. Rechazada por no ser como el resto de mi familia, por haber tenido que emigrar a tantos lugares distintos, e incluso en la ciudad en la que nací, me enfrenté con solo 6 años esta herida ya de manera consciente, cuando una compañera de clase me dijo: “no quiero jugar contigo porque eres rusa”.

Y esa es en gran parte la historia de mi vida: no saber quién soy, cuál es mi lugar, dónde pertenezco.

Herida de rechazo

La herida detrás del bloqueo de autorrechazo es precisamente la de rechazo. Es una herida profunda y muy dolorosa, porque rechazarse uno mismo es rechazar tu propia existencia, tu propia vida, si vamos a la raíz.

Las personas con esta herida huyen de situaciones donde pudieran revivir el rechazo. Tratan de no exponerse mucho a los demás porque tienen miedo de experimentar ese rechazo que han vivido, principalmente, en la infancia.

La personalidad o máscara de esta herida se llama “huidiza”. Estas personas se anulan, se infravaloran. Debido a todo ello necesitan y buscan ser perfectos.

En realidad, quieren ser perfectos porque tienen la necesidad de ser buenos y obtener ese reconocimiento ante sus propios ojos y ante los demás.

De hecho, para que se produzca esa aprobación interna, necesitan que sean los demás los que los aprueben primero.

Miedo a hablar en público y la herida de rechazo

Son personas que también prefieren la soledad. Si reciben mucha atención, no saben qué hacer.

En mi caso personal, antes tenía pánico a mostrarme en público o hablar de temas personales, así como mis aficiones o hobbies.

Y cuando recibía sin buscarlo esta atención, incluso si eran compañeros de trabajo de confianza, podía ponerme roja como un tomate cuando hablaba de mí misma.

Por si fuera poco, las personas con esta herida tanto en familia como en grupo tendemos a desaparecer. Estamos ahí, pero como apenas hablamos ni opinamos, no se fijan en nosotros, pues recibir atención nos asusta muchísimo.

Y esa también era yo. E incluso a día de hoy, si estoy en un grupo donde siento que no encajo por mi forma de pensar o sentir, prefiero pasar desapercibida, y estoy más en modo oyente.

Herida de rechazo y relaciones afectivas

A nivel más personal, las personas huidizas podemos llegar a sabotear nuestras relaciones, pues no nos sentimos dignos de ser amados.

Pues si en lo profundo creo que no soy nadie, como no tengo derecho a existir, me anulo y desaparezco, rechazo mis relaciones afectivas.

Esa sensación de no ser digna de ser amada también me marcó en todas mis relaciones hasta que conocí a Carlos, mi marido, mi socio, el padre de mis hijas.

Le conocí con 30 años recién cumplidos por pura casualidad causalidad, haciendo intercambio de inglés en un café en el centro de Madrid.

Siempre contamos la anécdota de que al poco de empezar a salir, después de nuestra primer cita, borré su teléfono de mi agenda (y por supuesto no me lo sabía de memoria en aquel entonces). ¿Por qué lo hice? Pues porque pensé que no era para mí, a pesar de que aquella noche ha sido la persona más cariñosa que había conocido hasta la fecha.

¡Menos mal que ésta no es la herida de Carlos y me llamó pasados unos días! Y menos mal que, a pesar de dudarlo mucho, acudí a nuestra segunda cita que fue clave para mí, pues descubrí mucho más de él y me di cuenta de lo mucho que compartíamos a un nivel más profundo.

Y cuando Carlos se marchó a Alemania a trabajar, pocos meses después de empezar a salir, volví a sentir el miedo al abandono y  conecté en multitud de ocasiones con el rechazo, llegando casi a romper la relación, pues volvía a revivir con intensidad mis grandes heridas.

Recuerdo aquella noche en el piso oficina de sus padres en el que vivía por aquel entonces, sin casa, lejos de mi familia, y lejos de él… sintiéndome en el fondo de un pozo muy oscuro, muy sola, incomprendida, totalmente perdida, con un trabajo mal pagado y aburrido que me hacía sentir completamente infravalorada. Estaba ahí en el suelo de la cocina, llorando desconsoladamente, en plena oscuridad… sintiéndome en el fondo de un pozo profundo.

Pero tocar fondo era justo lo que necesitaba. Llorar, sentirme perdida, abandonada y rechazada era lo que me hizo click. Porque a partir de ahí decidí que viviría mi vida y me arriesgaría a cambiar, aunque el resultado no fuera el esperado.

Resistí mi tentación de dejar la relación del todo, como había hecho en otras ocasiones de mi vida, y me permití seguir en ella sin grandes expectativas, simplemente dejándome llevar por el aquí y el ahora, confiando en que la vida me daría los aprendizajes necesarios para seguir avanzando hacia mi despertar, hacia mi verdad y mi camino.

Miedo a la crítica y ser juzgados

El gran miedo de las personas con esta herida es al juicio y a la crítica. Y si lees el artículo que menciono en la frase anterior, verás que es uno de los grandes miedos que me ha perseguido siempre.

¿Por qué nos da tanto miedo la crítica? Pues básicamente porque no nos sentimos suficientes, no nos sentimos valiosos. Y una crítica, y más si está hecha con mala intención, volverá a conectarnos con ese dolor del rechazo: no soy suficiente, no tengo derecho, no soy buena persona.

El tema de las críticas es algo que siempre me ha preocupado. Y cuando te expones ante tanta gente, es totalmente inevitable, ¿verdad?

Solamente a través de mi proyecto digital he recibido críticas tan absurdas como las relacionadas con mi aspecto físico, el que me creyera superior a los demás o fuera demasiado creída (cuando en realidad siempre ha sido al contrario), el que sea coach y hablara de temas espirituales, el cómo educo a mis hijas, cómo debo llevar mi negocio y un largo etcétera.

Y es que nuestros mayores miedos se suelen hacer realidad si los dotamos de energía, si los alimentamos. Es decir, si pasamos mucho tiempo dándoles vueltas. Pues están ahí para enseñarnos a crecer y a superarnos como personas.

Una buena manera de llevar mejor las críticas (sobre todo las malintencionadas), es preguntarte: ¿esta persona que me critica quién es? ¿Alguien feliz, realizado, con buenas intenciones, alguien que me quiere y de verdad se preocupa de mí? ¿Cuál es la intención verdadera de esta crítica? ¿Con qué tono y energía está hecha?

Si las respuestas que obtienes son negativas, ya sabes, es una crítica que tiene más que ver con quien la está haciendo que contigo.

Cómo y por qué se origina la herida de rechazo

Esta herida suele producirse, sobre todo, con en el progenitor del mismo sexo. Pues el progenitor del mismo sexo desempeña la función de enseñarnos a amar, a amarnos y a darnos amor. Mientras que el progenitor del sexo opuesto nos enseña a dejarnos amar y a recibir amor, según la autora del libro “Las 5 heridas que impiden ser uno mismo”, Lise Bourbeau.

La herida de rechazo es la que antes se produce, con respecto a las demás. Hasta el punto que puede originarse incluso antes de que hayas nacido, durante tu etapa intrauterina.

Si tu madre o padre, por ejemplo, al enterarse del embarazo no estaban preparados en ese momento o no deseaban tenerte o llegaron a pensar en algún momento interrumpir el embarazo, incluso si fue algo momentáneo de lo que luego se arrepintieron, esta herida puede activarse con gran intensidad.

Y no es de extrañar que sea así, pues tiene que ver con tu derecho al nacimiento y a la vida. ¿Y no es acaso éste el mayor rechazo posible? ¿El rechazo a que simplemente puedas existir?

El mundo emocional de las personas con la herida de rechazo

Las personas huidizas no se sienten aceptadas ni acogidas por el progenitor del mismo sexo, lo que no supone necesariamente que éste los haya rechazado, sino que son ellos mismos los que se sienten rechazados.

De hecho, quien sufre rechazo busca incesantemente el amor del progenitor de su mismo sexo. Y buscará el amor en otras personas: sean su pareja, sus hijos, hermanos, amigos, etc.

Y el gran dolor es que la persona con herida de rechazo no se percibe como completa nunca, porque no ha conquistado el amor de su madre o padre.

A nivel emocional, las personas huidizas somos muy sensibles, de forma que incluso un mínimo comentario puede hacernos sentir rechazados. Incluso podemos volvernos muy rencorosos, pues el dolor es tan intenso que nos cuesta controlar ese tipo de emociones.

El cuerpo de las personas con la herida de rechazo

Las personas con la herida de rechazo suelen padecer problemas en la piel para evitar que los demás les toquen.

Y esto último me recuerda mucho mi problema general del acné y rosácea que tuve no solo durante mi etapa adolescente, sino a partir de los 25 años y más allá de los 30. Inclusive tuve que estar tomando un medicamento muy fuerte y con notables efectos secundarios, llamado Roacután, para combatir el acné.

A nivel físico, las personas huidizas tenemos un cuerpo delgado o estrecho, lo que muestra nuestro deseo profundo de no querer ser vistos y pasar desapercibidos. Y si tenemos varias heridas y ésta es una de ellas, podemos tener algunas partes del cuerpo más pequeñas en proporción con otras (por ejemplo: tobillos muy finos, pecho pequeño, etc.).

También se dan casos de espalda arqueada y brazos muy pegados al cuerpo. A veces hay la sensación de ver un adulto en un cuerpo de niño. Además, su cara y sus ojos pueden ser pequeños y parecen vacíos.

Máscara del huidizo: personas solitarias, desapegadas y profundas

Como ya hemos visto, la herida de rechazo es una herida muy profunda. Quien la sufre se siente rechazado en su interior y, sobre todo, siente rechazo con respecto a su derecho de existir.

Y la primera reacción de la persona que se siente rechazada es desaparecer, huir.

Si un niño con esta herida se siente rechazado, vivirá con frecuencia en un mundo imaginario y no causará grandes problemas ni hará ruido.

A las personas adultas con esta herida les resulta atractivo todo lo relacionado con la espiritualidad y lo intelectual.

Además, la persona huidiza prefiere no apegarse a las cosas materiales, pues estas le impedirían huir si fuera necesario.

Ese desapego de lo material también ha sido una de mis señas de identidad: desde no querer cortinas en mi habitación de la casa de mis padres, pues pensaba que al poco tiempo saldría de aquella casa… hasta la idea de no querer poseer una casa propia, por si tengo que salir huyendo en algún momento.

Si tienes esta herida, es posible que te preguntes a menudo qué haces en este mundo. E incluso puede resultarte difícil creer que aquí podrías ser feliz.

Ese desapego por todo lo material a veces puede conllevar dificultades en la vida sexual, pudiendo sentirte rechazado sexualmente, así como evitando la sexualidad para no sufrir un posible rechazo.

El perfeccionismo de las personas con la herida de rechazo

Por otro lado, los huidizos buscamos la perfección en lo que hacemos, pues creemos inconscientemente que si cometemos algún error, nos van a juzgar por ello. Y eso equivale a sentirnos rechazados.

Y es que no nos creemos ser perfectos porque sí, por eso buscamos compensar esa imperfección con lo que hacemos, confundiendo así el “ser” con el “hacer”.

En cuanto a nuestro miedo a recibir atención, preferimos por esta razón la soledad. Y también solemos hablar poco. No participamos de manera activa en grupos y nos escondemos en nuestra cueva. Y así, no nos enfrentamos al mayor miedo: la posibilidad de ser rechazados por nuestra forma de ser, nuestra manera de pensar o de sentir.

A menudo nos sentimos incomprendidos, raros, extraños, que no encajamos en grupos ni la sociedad en general.

Pero la gran revelación es que este miedo al rechazo es en realidad un autorrechazo a nosotros mismos. Soy yo quien no cree que sea perfecta, por eso temo tanto vivir ese rechazo por parte de los demás.

Por qué te cuesta recibir amor si tienes la herida de rechazo

Por eso cuesta tanto creer que alguien pueda elegirme como amiga o pareja o que las personas realmente puedan amarme.

Hace un par de años, cuando mis hijas empezaron a ir a la guardería y lloraban mucho cada vez que me marchaba, tuve una conversación muy reveladora con Carlos.

Él me dijo: “es que eres su madre, lo más importante que tienen, por eso lloran tanto”. Y sí, lo entendía con la razón, sabía que era normal que llorasen… Pero recuerdo perfectamente aquella frase de Carlos que me atravesó como un rayo.

Repetí mentalmente esa idea, dotándola de todo su sentido: “soy la persona más importante para mis hijas”. Me resultaba extraño hacerme consciente del verdadero significado de esta frase. Pues nunca hasta ahora me sentí la persona más importante para nadie.

Por eso, el huidizo, cuando es elegido, no lo puede creer y llega incluso a sabotear la relación. Y cuando no es elegido, refuerza su idea de auto-rechazo.

Si no se trabaja a nivel interno, cada vez se irá encontrando más solo y cada vez se dará a sí mismo más motivos para sentirse rechazado.

Qué puedes hacer si tienes la herida de rechazo

Pues básicamente, el trabajo más profundo e importante para ti será trabajarte la autoestima. Pues como te contaba, el auto rechazo viene a indicarte que no te valoras, no te aceptas, no te amas como eres, crees que eres imperfecto, que eres malo en esencia o que incluso no mereces estar en este mundo o que no eres capaz de sentirte feliz o realizada en esta vida.

Es muy duro, lo sé. Yo misma lo viví muchísimos años de mi vida, pero se puede salir de ese pozo oscuro. Si necesitas una ayuda directa, te recomiendo uno de mis cursos más comprados: la Masterclass de Autoestima y Confianza. Son sobre todo ejercicios prácticos que me ayudaron a mí y a cientos de mis clientes y alumnas a aumentar su autoestima y empezar a creer en sí mismas.

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Conclusión a la herida de rechazo

Ahora que has llegado hasta aquí, ¿has detectado que tienes la herida de rechazo? ¿O tal vez es una de tus heridas? Si has detectado esta herida en ti, ya has hecho un gran trabajo hacia tu transformación.

Como ves, la herida de rechazo es una de las heridas más profundas, pues quien tiene esta herida siente profundamente rechazo en su interior. Y esto hace que el rechazo que veas a tu alrededor sea un reflejo de tu propio rechazo, sintiéndote rechazado también por los demás. Incluso, como hemos visto, aunque no sea así.

A lo largo de esta serie de artículos te he desvelado los principales bloqueos y las heridas de la infancia asociadas a cada uno de los bloqueos. Y, además, también te he compartido mi propia historia personal con cada una de las heridas y mi propio trabajo de sanación.

Darnos cuenta de dónde están nuestros bloqueos y qué herida los creó es el primer paso para iniciar el cambio, el mapa de ruta para ponernos en camino y liberarnos.

El trabajo con las heridas de la infancia es algo muy sanador y profundo que requiere constancia, pero en cuanto empiezas a realizarlo, la recompensa llega poco a poco.

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Ahora te toca a ti. ¿Has detectado que tienes la herida de rechazo? ¿O es una de tus heridas? ¿Has averiguado tus bloqueos y heridas? ¿Cuál es el primer paso que vas a dar hoy para transformar tus bloqueos? Como siempre, me encantará leerte.

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