Las 5 heridas de la infancia. Herida de humillación

En este nuevo post voy a continuar con el apasionante tema de las heridas de la infancia.

En el post anterior comencé esta serie de post de las heridas de la infancia dedicado a la herida de abandono y esta ocasión voy a continuar con la herida de humillación.

Incluso, aunque creas que no tienes esta herida, te invito a que leas el post porque es posible que descubras lo contrario.

Como siempre digo, el primer camino para la transformación comienza por ser conscientes, pues no podemos transformar aquello que no sabemos que está en nosotros.

En esta serie de post trato el tema de las heridas de la infancia a través de los bloqueos internos. Así que, te invito a que continúes leyendo para seguir profundizando en este profundo y sanador tema.

Rol de víctima y salvador

En el primer post dedicado a la herida de abandono el bloqueo asociado es la mentalidad de escasez.

El segundo bloqueo que veo muy asociado a la herida de humillación es el famoso rol de víctima-salvador que aparece en personas que se enfocan tanto en los demás y en ayudar a otros que se olvidan de sí mismas. Con lo cual, salvan a los demás, pero como no se salvan a sí mismas, se sienten víctimas y piensan que a ellas nadie les salva.

Y este bloqueo tiene mucho que ver con la infravaloración de uno mismo. Crees (casi siempre es una creencia inconsciente) que hay algo malo en ti y, por eso, no te ocupas de ti. Piensas que no eres suficientemente bueno.

Y eso, para serte sincera, duele mucho. Lo sé porque esta también es la historia de mi vida. Esconderme del mundo tal como soy por miedo a que vean la supuesta “cara oculta” de mi ser. Como si hubiera algo malo en mí.

Y como duele mucho pensar que eres “malo”, buscarás por todos los medios que nadie se dé cuenta. Es decir, tratarás de ser siempre buena persona. Te enfocarás en demostrar que eres bueno ayudando a los demás, dando a otros, dando más de lo que recibes, pensando que no necesitas mucho para ser feliz, creyendo que pensar en ti es malo y egoísta. ¿Te suena?

Todo esto deriva en un tipo de personalidad que:

  • Se pone en último lugar, hace cosas por los demás, pero no actúa para sí misma. No por miedo a no conseguirlo, sino porque no se siente suficiente. No se siente merecedora.
  • Necesidad de aprobación: está todo el rato preocupándose por los demás para que le aprueben, para que le demuestren que no es tan mala persona.
  • Falta de asertividad. No saben poner límites y están siempre a merced de otros.
  • Baja autoestima. Siente que no merece ser feliz. Como no es buena, no merece cosas buenas. En este caso, no es porque se lo puedan quitar o no se las hayan dado (como ocurría con la herida de abandono y el bloqueo de escasez), sino por su forma de ser, por no ser buena y no merecer por tanto cosas buenas. La falta de autoestima aquí tiene más que ver con el ser que con el tener. Es una autoestima baja que actúa a un nivel más profundo: como no soy buena en el fondo, no merezco las cosas buenas de la vida.
  • Las emociones que genera son la queja, la crítica, el miedo a expresarse como es.
  • Incluso, puede llevar a no saber cuál es tu propósito o no saber lo que quieres en la vida. Hay personas que están tan volcadas en los demás que se olvidan de sí mismas. Esto también me pasaba a mí hasta que tuve mi despertar interior. Estaba muy pendiente de otros y, sobre todo, de mi familia y no me preocupaba de qué quería yo en mi vida.

Herida de humillación

La herida relacionada con este bloqueo es la herida de humillación. Esta herida puede surgir por cosas aparentemente inofensivas como, por ejemplo, que te repitan con frecuencia que eres un desastre o torpe o que no haces las cosas bien. En realidad es como si te estuvieran haciendo sentir mal por ser cómo eres.

A veces la cosa va incluso más allá y se plasma en un trato injusto basado en la degradación, el insulto, la burla, la comparación constante… haciéndote sentir infravalorada, menos que los demás, incapaz o una persona sucia, mala.

El verdadero problema aquí es que a nivel inconsciente (y a veces hasta consciente) has llegado a aceptar y asumir esto como una verdad, cuando en realidad no es cierto.

Esto puede suceder en la infancia, pero también en la adolescencia.

De hecho, a mí esta herida me apareció con fuerza en la adolescencia. Cuando era niña, era muy sociable y me sentía bien conmigo misma, pero en la adolescencia me volví todo lo contrario. Empecé a esconder mi manera de ser, creyendo que era imperfecta, fea, que no encajaba en ningún lugar y que nunca llegaría a nada importante en la vida, a diferencia de mi familia.

La creencia profunda y falsa (pero que aceptas por verdadera) que sostiene esta herida es que no eres digno, no eres capaz, hay algo sucio o algo malo en ti…  Piensas que si te tratan mal es porque algo malo has tenido que hacer (o directamente eres alguien defectuoso).

El miedo de las personas con esta herida es a la crítica, que los demás descubran que soy un fraude, que no soy tan buena ni digna.

La emoción profunda que está detrás de esta herida es la vergüenza de uno mismo. Te escondes. Por eso, no vas a buscar tu propósito. No vas a mostrarte al mundo porque si se dan cuenta de quién eres, te criticarán. Así que piensas que es mejor enfocarte en los demás, olvidándote de ti.

La carta que le escribí a mi abuela con 15 años

Mis abuelos maternos que me cuidaron hasta que cumplí 10 años murieron en 2008. Años después de su muerte, encontré en mi antigua habitación de la casa de mis padres una que escribí a mis abuelos con 15 años de edad. No sé cómo volvió a mí.

Seguramente nunca llegó a enviarse por alguna razón. Pero ahí estaba: una carta escrita con mucho mimo y cariño en ruso, dirigida a toda mi familia que residía en Rusia, pero sobre todo a mi abuela Nonna (curioso que a mi abuela nunca la llamé abuela, sino por su nombre de pila, Nonna, que en italiano significa abuela, algo que sólo descubrí cuando ella murió).

El caso es que me puse a releer esa carta, en la que relataba cómo toda nuestra familia en aquel marzo de 1995 pasó por una gripe horrible, con temperaturas de 40 y hasta 41 grados que duró más de una semana…

También contaba cómo mi hermana la violinista fue seleccionada para participar en un concurso internacional en Inglaterra o cómo mi hermana pequeña Katy de 4 años ya se empezaba a portar mejor, aunque seguía sin querer ir al cole.

Pero lo realmente interesante de la carta es que no había ni una sola referencia a mí misma. Bueno, sí, al principio de la carta. Una pequeña frase: yo estoy bien. Y ya está.

Con esta carta recordé muchos episodios del pasado de mi familia, pero ninguno de mí misma. Claro que recuerdo mis 15 años: esa niña extraña, desubicada, que se sentía rara y que apenas contaba con amigos, que nunca salía con amigos, estudiosa, responsable, que hacía la compra y cuidaba de su hermana pequeña y ayudaba a sus padres en casa, que leía mucho y sacaba buenas notas… Pero en ninguna parte de esa carta a mi abuela hablaba de mí misma, como si yo no importara, como si nunca tuviera problemas ni éxitos. Era invisible hasta para mí misma…

Y esto te puede hacer ver cómo a menudo personas que nos sentimos menos que los demás nos ocultamos, pues creemos que no hay nada bueno ni especial en nosotros, que lo importante son los demás, que con que no estemos enfermos ni nada aparentemente urgente suceda, nuestra vida, sueños, anhelos no tienen mayor importancia.

Esto lo veo muy asociado a la herida de humillación o al famoso síndrome víctima-salvador, donde salvamos al resto del mundo, olvidándonos de nuestros propios deseos y sueños.

Cómo se comportan las personas con la herida de humillación

La herida de humillación surge en el momento en que el niño siente que uno de sus padres se avergüenza de él o teme que se avergüence de él cuando está sucio, cuando ha hecho un estropicio (principalmente en público o en familia), cuando está mal vestido…

Las personas con la herida de humillación aceptan la vejación, la integran, se sienten inferiores e indignos porque creen en lo profundo que los que le ofenden tienen razón.

El niño que sufre humillación se crea la máscara del masoquista. Es decir, de manera inconsciente busca el sufrimiento.

A decir verdad, esta herida suele ser la más difícil de reconocer. Porque nadie en general diría que disfruta sufriendo, ¿verdad? Más bien, todo lo contrario.

Además, las personas con esta herida suelen tener un comportamiento en apariencia contrario a esta actitud. Es decir, les gusta mostrarse firmes y no ser controlados y lo que hacen es ocuparse de otras personas para olvidarse de sí mismos.

Es como la típica madre que se queja de que no tiene tiempo para sí misma, pero en realidad está creándose esas limitaciones y obligaciones, pues el mayor miedo es encontrarse cara a cara con la libertad.

El miedo a la libertad es el mayor miedo inconsciente de estas personas, por eso necesitan atarse a quehaceres continuos para no enfrentarse a ella.

Las personas con esta herida ayudan a los demás y al mismo tiempo se quejan de ello. Parece que los demás se aprovechan de su buena disposición y hasta abusan de su generosidad. Pero en realidad, es uno mismo quien busca de manera inconsciente estas situaciones porque así revive una herida dolorosa, pero que le aporta una falsa sensación de seguridad.

Otro beneficio secundario de mantener esta herida es convertirse en imprescindible para su familia y seres cercanos, haciéndoles ver que es importante, que sin él poco podrían hacer.

Esa actitud en realidad es de alguien muy controlador, aunque ese tipo de control tiene una motivación diferente al control de las personas con la herida de traición. En este caso, el control tiene que ver con no avergonzarse de uno mismo. Como tengo tanto miedo de volver a sentir esta emoción tan profunda, me oculto y hago lo posible para que la gente piense bien de mí.

En este tipo de herida se tiene una relación especial con la madre, pues ella a menudo se ha sentido avergonzada de nosotros (si íbamos con ropa sucia o no hablábamos o no nos comportábamos de manera “apropiada”). Por ello, en la vida adulta existe también ese miedo de avergonzarla. Se considera a la madre como un enorme peso que cargar. Esta actitud puede continuar incluso después de la muerte de la progenitora.

Cuando la herida es muy profunda, la persona puede desligarse por completo de sus propios deseos y necesidades por no disgustar a su madre. Tiene una gran necesidad de aprobación por parte de ésta.

Otra cosa que identifica a personas con la herida de humillación es su dificultad de pedir ayuda, expresar sus deseos y necesidades, hablar de uno mismo… pues tiene mucha vergüenza o miedo de avergonzar a otras personas.

En las familias con esta herida presente suele haber secretos, temas tabúes, donde se siente mucha vergüenza de que otros se enteren de los “trapos sucios”.

Otra cualidad de las personas masoquistas es su alta sensibilidad, uno puede sentirse herido muy fácilmente, por lo que también procurará no herir a los demás y evitará los conflictos. Las críticas le duelen mucho y a menudo usará expresiones como “esto es humillante” para referirse a situaciones que le disgustan.

También son personas propensas a hablar mal de sí mismas, reírse de uno mismo quedando en una posición inferior o incluso rebajándose. “Como soy un torpe, es que soy más tonta…” pueden ser expresiones típicas en estas personas.

Incluso pueden sentirse responsables del dolor y problemas propios de sus seres queridos. Eso ocurre porque están muy pendiente de las necesidades y problemas de los demás (ignorando los suyos propios), de modo que se sienten muy ligado a los otros.

Además al sentirse culpables de los problemas de otros, de alguna manera se elevan ante sus ojos, pues así, de nuevo, pueden ser considerados buenas personas. La idea del sacrificio y sufrir para ser bueno y merecer las cosas está muy presente en ellos.

La libertad: una relación de amor y odio

Si tienes la herida de humillación, ser libre significa para ti no tener que rendir cuentas a nadie, no ser controlado por otros y hacer lo que quieres cuando lo deseas.

Cuando sientes esa libertad, cuando nadie te pone obstáculos empiezas a renacer. Pero al mismo tiempo, puedes caer en el exceso e irte al polo opuesto, no teniendo en cuenta a los demás. Suena paradójico porque estar pendiente de otros es la base de una persona masoquista, pero cuando llevas tanto tiempo ahí, te cansas profundamente y te vas al extremo opuesto, es la famosa Ley de la Polaridad y también la Ley del Ritmo.

Así, la libertad se desea por un lado porque no se suele tener, pero al mismo tiempo produce miedo. De hecho, muchas personas con la herida de humillación cuando obtienen esa libertad (por ejemplo, sus padres a los que cuidaban ya no están o sus hijos son mayores y se han ido de casa), no saben qué hacer con ella.

Por ello buscarán inconscientemente situaciones nuevas en las que volver a no sentirse libres del todo: sea a través del trabajo, ayudar a amigos, asociaciones, etc. De esta manera, volverán a su conocido y cómodo rol de víctima y salvadora de los demás.

En cuanto al cuerpo, suelen tener un cuerpo amplio o ancho, sea a nivel de espalda, caderas o en general con sobrepeso. Pues de esta manera se hacen ver, se sienten importantes. Aunque a decir verdad, no suelen gustarse a sí mismos y sufren por ello.

Conclusión

Muchas personas creemos que esta herida no nos pertenece. Así me pasaba a mí y le ha pasado a no pocas alumnas del curso SelfCoaching, que nos dimos cuenta de que esta herida (junto a otras) estaba presente en nosotras.

Ahora te toca a ti, ¿has detectado que tienes la herida de humillación o es una de tus heridas? Me encantará leerte.

Además, en el curso SelfCoaching hacemos un trabajo muy profundo con las heridas de la infancia trabajando con cada una de ellas a través de ejercicios de coaching, PNL, meditaciones y visualizaciones potentes.

Así que si quieres empezar a trabajar en tu transformación a través del profundo tema de las heridas de la infancia y hacerlo acompañada por mí y por la familia SelfCoaching, estaremos encantadas de acompañarte.

En el curso hay personas maravillosas, que han vivido transformaciones increíbles y donde todos nos apoyamos para que tu camino hacia la vida que deseas sea una realidad.

19 comentarios

  1. Me encanta el enfoque de esta publicación y el leguaje sencillo y asequible para comprender algo tan profundo. No es fácil hacer un descubrimiento que a veces está tan insertado en lo inconsciente.

  2. Hola María soy Silvia tengo 47 años estoy casada tengo dos hijos y soy mexicana de Atlixco Puebla sabes yo tengo la herida de la humillación no he leído las otras pero esta me queda como anillo al dedo.
    Cómo cambiar?

    1. Hola Silvia, gracias por pasarte por mi blog. Iré hablando del resto de heridas en futuros post. Pero el primer paso para sanar esta herida, ya lo has dado, darte cuenta, pues no podemos transformar aquello que no somos conscientes de que está en nosotras. Abrazos!

  3. Hola amiga Maria, he visto hoy, en tu Instagram, que habías publicado otro post, y como seguro qte seria6 bueno e interesante , me dije que debía leerlo, siempre me han gustado, y este no ha sido menos. Como siempre dice mi madre, “Consejos Tengo que para mi no quiero” y a veces tenia razón, yo que en distintas ocasiones y en varios medios he ayudado a gente de salir en un pozo qte estaban metidos, no me lo aplicaba a mi, pero porque desde mi posición , cado siempre pensaba qte no era la misma posición, o si lo estaba, no quería, siempre buscaba excusas, pero el afan de ayudar, sea cial6 fuere el grado de ayuda puede más que el pensar en uno mismo, quizás, desde mi experiencia porque , esperas que alguna vez seas tu el que la recibas.
    En cuanto al Síndrome de la Humillación, si mucho la he sufrido, en esos momentos lo ves injusto, pero con el tiempo me he ido dando cuenta qte casi siempre con razones, mal estudiante, me portaba, de niño, y va pasando el tiempo y reflexionas , que hiciste de niño, de adolescente, de más mayor, que has conseguido, y te das cuenta de que son más las cosas por lograr que las logradas, pero claro depende con quien te compares.
    Como siempre me ha encantado leerte de nuevo, un abrazo Amiga.

    1. Muchas gracias como siempre por seguirme y por pasarte por mi blog, Justino. Y muchas gracias por compartir tu propia experiencia. La mayoría creo que hemos pecado de los consejos para todos menos para uno mismo. Y como comentas es importante valorar el camino y lo que ya hemos logrado. Ese impulso también es necesario para ir a por nuestros siguientes objetivos. Abrazo grande!

  4. Hola, me ha mandado mi mujer tu artículo, creo que por algo? Jejeje.
    Me siento muy identificado en la mayoría de las cosas que cuentas. Si hubiera alguna solución, me encantaría saber que poder hacer.
    Saludos
    Santi

  5. Hola Maria si me he identificado en un periodo de mi vida con la herida de humillacion
    y es en este trocito que he copiado y te expongo aqui abajo.
    (Otra cualidad de las personas masoquistas es su alta sensibilidad, uno puede sentirse herido muy fácilmente, por lo que también procurará no herir a los demás y evitará los conflictos. Las críticas le duelen mucho )

    muchas gracias por todo lo que me estas ayudando a traves de tus escritos
    gracias gracias gracias
    Dolores***
    .

  6. Hola María.
    En primera instancia, quisiera comentarte, que me encantó el tema, y también que me identifico con esta herida. Creo que inició finalizando mi niñez e iniciando la adolescencia. Esta herida, hoy día, creo que me ha trancado muchos caminos exitosos que pude haber tomado. Pero aún podemos hacer cambios.
    Gracias por la información.
    Un abrazo.

    1. Claro, Magdalena. Darse cuenta es el primer paso para el cambio. Y eso tú ya lo has hecho. Gracias por pasarte por mi blog. Abrazos!

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