Lo que esconde tu falta de merecimiento

El tema del merecimiento es algo que trabajo mucho con mis clientes y alumnas, pues es la base de una buena autoestima. Y es que ésta tiene dos pilares fundamentales: la sensación de merecimiento y competencia.

La competencia es la creencia de que podré con ello, es tu capacidad. Y está muy ligada a la autoconfianza.

Mientras que la autoestima es algo más profundo, va más allá, a la raíz, a sentirte o no digna de algo.

Y es que la autoestima es una sensación o convencimiento adquirido a través de experiencias de tu vida de que podrás enfrentar los distintos desafíos que la vida te ofrece. Así como el convencimiento de que mereces lo que necesitas y deseas de la vida.

Como ves, tiene que ver con la competencia (voy a poder con ello) y con la sensación de ser digna de eso que deseas obtener.

La jerarquía en el mundo animal

Todos sabemos y hemos aprendido de pequeños que en el reino animal existe jerarquía. Así es cómo han evolucionado distintas especies y cómo hemos llegado hasta la actualidad.

Y esa jerarquía y evolución tiene que ver mucho con la supervivencia.

Piensa en un grupo de animales, por ejemplo ratones. Existen ratones alfa y ratones de rango inferior. El que tiene el rango superior es el más agresivo y a ese es al que temen en su clan, es a quien entregan el trozo más suculento , con el que ratones de rango inferior no pelean. Si no, pueden morir.

De hecho, las cosas deben funcionar así en la naturaleza salvaje porque sólo así la especie sobrevive. Imagina que todos fueran alfa, se matarían entre ellos por un trozo de comida. Y para que la especie continúe, la jerarquía es necesaria.

La jerarquía y la falta de merecimiento

Está claro que no somos animales. Y aunque tengamos instintos, la parte buena es que no necesitamos dejarnos llevar por esta jerarquía primitiva. Sin embargo, a un nivel muy inconsciente llegamos a menudo a vivir esta jerarquía, incluso dentro de nuestro propio clan familiar.

En cada entorno habrá alguien que sea el fuerte, al que temen, incluso si ese alguien ya es una persona mayor o ni siquiera está viva. Por ejemplo, abuelos, abuelas, bisabuelos, etc.

Pues si tú no te sientes una persona merecedora (es decir, no eres ese Alfa), es posible que exista una creencia inconsciente de que hay alguien en tu clan que sí lo es. Y si tú pretendes conseguir los mejores trozos de la vida, es que se lo estás disputando a ese Alfa real o imaginario.

Pero también puede pasar que en tu clan nadie sea Alfa, sobre todo si tus antepasados se han sentido inferiores durante muchas generaciones y han aprendido inconscientemente a tener miedo de ser Alfas. Y eso se tradujo en no desear lo mejor de la vida: sea dinero, amor, reconocimiento, el trabajo de tus sueños, etc.

Y a nivel de selección natural esto tiene todo el sentido del mundo, pues la naturaleza busca la supervivencia de la especie y, por eso, no puede haber sólo alfa, se matarían y no seguiría la evolución.

En la sociedad seguimos con la base biológica de esto mismo. De ahí que haya personas que heredan esta información de forma consciente o inconsciente: no soy alfa, no merezco lo mejor de la sociedad, pues si cojo el trozo bueno, los alfa me matarían.

Contratos emocionales o lazos de lealtad

Esa información inconsciente influye enormemente en nuestro merecimiento.

Son los llamados contratos emocionales o lazos de lealtad, pero que también a su vez se basan en el miedo. Si tener éxito en el amor le corresponde a mi hermano, yo no puedo tenerlo, pues ocuparía un lugar que no me corresponde, no soy un Alfa en este tema. Tal vez en el trabajo sí o en lo referente a la salud, pero no en este tema.

Porque el mayor miedo podría ser éste: si lo tengo todo, si lo consigo todo, es posible que tenga que lidiar con estas voces en mi cabeza: ¿quién te crees que eres? ¿A dónde crees que vas? ¿No te lo habrás creído demasiado? ¡Deja algo para los demás!

En mi caso ha sido un poco así: el éxito profesional se auguraba a mi hermana mediana porque es músico de gran talento y siguió los pasos familiares. En cambio yo me sentía excluida por no seguir los pasos de la familia y no ser músico, de modo que entendí que el éxito profesional no estaba reservado para personas como yo y aceptaba trabajos mal pagados y por debajo de mis capacidades (y por supuesto nada que ver con mis verdaderos talentos que no me permitía siquiera descubrir).

Supervivencia de la especie por encima de tu propia felicidad

Al final, se trata de ser leales al clan y también a la humanidad. Pero puedes decirme, ¿qué tiene que ver la humanidad con tu falta de merecimiento?

Pues que a nivel poblacional es importante que no todos deseemos lo mejor. Sé que suena absurdo y hasta contradictorio. Pero ahora que se habla tanto de los recursos limitados que hay en nuestro planeta… piensa por un momento: ¿y si todos deseásemos las mejores condiciones de vida? ¿Acaso habría para todos?

Y a un nivel más concreto: y si todas las personas buscásemos el trabajo de nuestros sueños, ¿quién haría trabajos menos deseados, los más rutinarios, los peor pagados?

Está claro que en un mundo justo e idílico todo se podría resolver, se podría llegar a un acuerdo. Pero si los regímenes comunistas, que en su mejor versión buscan un mundo ideal e igualitario para todos, no han funcionado (y siguen sin funcionar), es porque la mayoría de los seres humanos no somos seres iluminados. A la gran mayoría de la población nos mueve el Ego, el miedo y las bajas pasiones, y esto es un fiel reflejo del mundo animal.

Abre los grifos de la abundancia

¿Entonces cuál es la solución?

Bueno, no todos saldremos del programa establecido. De hecho, hay que reconocerlo: somos una gran minoría las personas que empezamos a despertar. Pero aquí estás tú leyendo este artículo. Así que date la enhorabuena por ello.

Te voy a proponer una solución a través de esta metáfora: abrir los grifos de la abundancia.

Imagina que tienes ante ti 10 grifos con agua que puedes abrir o cerrar a voluntad. Uno pertenece al amor de pareja. Otro a la familia que sueñas tener. Otro al dinero. Otro al trabajo. Otro a la salud… Y así hasta donde desees. Cada grifo es un área de tu vida.

Quizás en tu vida actual tengas abiertos 3 o 4 grifos. O tal vez todos, pero en algunos el flujo del agua es muy débil, pues no te atreves a abrirlo más. Otros están cerrados a cal y canto.

¿Quién decide abrirlos o cerrarlos? Pues básicamente tu inconsciente. Ese que te dice que es más seguro tenerlos cerrados, no vaya a ser que con tener éxito tú, alguien te envidie o se incomode o piense que le estás quitando su trozo.

Son nuestros padres, abuelos, o parte de ellos los que han recibido la misma información y nos la han seguido pasando a nosotros. Mi padre solía decirme cuando empecé a convivir con mi familia a los 11 años: Masha, tú y yo somos los buenos y débiles, de segunda clase, los mejores trozos son para tus hermanas y tu madre.

Sé que no lo hacía con mala intención. Se trataba de su mismo programa de inferioridad que me estaba pasando inconscientemente, seguramente porque soy la más parecida a él físicamente (y también en carácter).

Para nada escribo esto para culparle por ello. Siempre sentí una gran unión con mi padre y compartimos valores profundos muy similares. Es más, gracias a todo lo vivido con mis padres soy quien soy ahora y por eso les estoy enormemente agradecida. Seguramente no me dedicaría al coaching ni al crecimiento personal si hubiera tenido una vida fácil.

Tu sensación de merecimiento en la época de estudios

Y ahora vamos a ir a tu propia experiencia vital. Si en tu infancia no viviste nada parecido con la familia, quizás podrías acordarte de la etapa de colegio o instituto: ¿qué posición social ocupabas tú? ¿Eras popular o más bien alguien promedio? ¿O incluso esa persona que siempre pasaba tiempo sola y apenas tenía amigos?

En mi caso, como cambiábamos tanto de domicilio y hasta de ciudades y países, he pasado muchas temporadas sintiéndome completamente sola y desubicada en los colegios e institutos.

Y es que nuestra falta de merecimiento puede venir de nuestros bisabuelos, haberse reforzado con los mensajes en la familia y afianzarse definitivamente en la época de los estudios.

Porque… y aquí viene la clave oculta de todo este artículo: ese mecanismo de falta de merecimiento nos ha permitido sobrevivir durante generaciones. La falta de merecimiento era para nuestro clan familiar un mecanismo de supervivencia.

¿Y recuerdas lo que más desea nuestro cerebro? Sobrevivir.

Cómo salir del programa de supervivencia

Y como también te adelantaba más arriba, hay una buena noticia. Y es que la gran diferencia con el reino animal es que somos seres racionales, tenemos autoconciencia y podemos cambiar todas esas programaciones automáticas de la supervivencia.

Si estás en un nivel conciencia más elevado, significa que puedes salir de los programas biológicos.

Mientras que si estás en un nivel de conciencia bajo, incluso siendo Alfa, puedes llegar a destruirte si te llega una situación complicada como una bancarrota, pérdida de trabajo o de pareja. Pues la única manera de romper con esos patrones programados es elevar tu nivel de conciencia, como lo cuento en este post.

Y es que cuando te haces consciente, eres más libre, puedes hacer las cosas de otra manera.

Así que no lo olvides: con nuestra falta de merecimiento estamos repitiendo un programa biológico o de supervivencia.

Las capas de cebolla de la falta de merecimiento

Así que te invito a explorar tu cebolla de falta de merecimiento. Recuerda que nuestras emociones se encuentran bajo capas y capas de otras emociones más notorias.

Pero hay una clave esencial en la falta de merecimiento. Y es que cuando siento que no merezco nada, mi nivel de energía es muy muy bajo.

Te propongo ahora un pequeño viaje en tu imaginación hacia el núcleo de esta cebolla.

En realidad la falta de merecimiento es una desconexión del deseo. Cuando no deseo nada, me siento apático, ¿cierto? También la impotencia está muy relacionada con la falta de merecimiento: sentir que no vas a poder, que no lo vas a lograr, que ni siquiera lo necesitas.

La falta de merecimiento además está muy relacionada con anular ciertas necesidades, con obviarlas. ¿Te ha pasado alguna vez darte cuenta de que no deseas algo y no sabes por qué? ¿Y si empiezas a indagar, te das cuenta de que sí lo deseas, pero no te lo permites?

A mí me ha pasado mucho con el tema de tener casa propia. Tenía tal miedo de perder una casa (algo que viví en muchas ocasiones en mi infancia) que me desconecté completamente de este deseo, llegando a decir que no necesito una buena casa para ser feliz. Suele pasar también con el tema pareja a muchas personas: he sufrido tanto en una relación pasada que saboteo cualquier relación que pudiera tener.

Y es que ese nivel de energía de falta de merecimiento es aún más bajo que el nivel de la energía del miedo.

Visualización sobre tu falta de merecimiento

Piensa ahora en un tema en el que sientes falta de merecimiento: sea dinero, amor, trabajo, relaciones, capacidad de tener familia…

Te voy a poner un ejemplo: cobrar por tu trabajo. Piensa en la situación concreta y la sensación en tu cuerpo. Cierra los ojos y conecta con esa emoción, sensación y situación con algunos detalles.

Y ahora ponle una nota del 1 al 10 para descubrir cuál es tu nivel de energía con respecto a este tema.

Normalmente el nivel de energía suele ser bajo, pues hemos quitado el deseo de la ecuación. Y deseo significa llevar tu energía hacia algo.

Ahora vamos un nivel más abajo: una capa más abajo podría estar la decepción, la apatía, la frustración o impotencia de no haber conseguido esto en el pasado o no haberlo siquiera intentado. Conecta con esa sensación por unos segundos, permítete sentirla.

Y ahora vamos más hacia dentro: el miedo. Aquí tendrás que responderte con total sinceridad: ¿por qué tengo miedo de esta situación, qué me da miedo? ¿Qué voy a perder, qué nueva situación tendré que enfrentar si este deseo llega a mí?

¿Notas cómo al conectar con el miedo el nivel de energía va aumentando? El miedo es una emoción que sí tiene energía, quédate con esa sensación.

Y ahora iremos aún más hacia dentro. Vas a decirte a ti mismo por dentro: ¡pero si quiero esto, si lo deseo realmente, si tengo muchísimas ganas de tenerlo!. Conecta con la ira, la rabia, el enfado de que la vida no te ha dado lo que deseas realmente, de que hay algún Alfa cerca de ti que sí lo merece y tú al parecer no.

Pero la buena noticia es que en este punto es suficiente entender que tú no eres Alfa ni Omega, sino un ser humano. Y tienes libertad de elección.

Te invito a cerrar los ojos y descubrir si la nota del 1 al 10 en cuanto a tu deseo ha aumentado respecto a la nota inicial.

Si has descubierto que este sí es tu deseo y quieres ir a por él, plantéate ahora 2-3 acciones que te llevarán hacia él. Visualízalo cada día por la mañana durante un par de minutos. Conecta con todas tus fuerzas y ve aumentando tu energía. Si hace falta, conecta con la ira o el miedo, es mucho mejor eso que la falta de merecimiento.

Este artículo está basado en una de las sesiones grupales del curso SelfCoaching donde trabajamos el merecimiento y nuestras heridas de la infancia de manera profunda. Si te interesa seguir trabajándote en esta dirección, puedes apuntarte al curso ahora en este enlace. Me encantará guiarte y acompañarte en este camino.

Y para terminar, cuéntame, ¿alguna vez te has sentido con falta de merecimiento en algún área de tu vida? Y si fue en el pasado, ¿cómo lograste salir de ese programa de inferioridad? Me encantará leerte.

6 comentarios

  1. Interesante, y vaya que me identifiqué. A lo largo de mi vida he preferido dejar de desear por autocuidado, ello me llevó a vivir en piloto automático gran parte de mi vida. Gracias por esta orientación tan valiosa

  2. María, muy agradecido por el tiempo y cariño que le pones a lo que haces, dices y escribes para apoyar a muchas personas. Te leo y veo de vez en cuando y me gusta tu sencillez y la de tu compañero de vida, muy empáticos y carismáticos.
    Abrazo desde Colombia,
    Paco

  3. GRACIAS MIL GRACIAS…MILLONES DE GRACIAS POR SER UN FARO DE LUZ EN MI CAMINO COMO EN EL DE MUCHAS PERSONAS!!!!! AGRADEZCO AL UNIVERSO POR PERMITIRME CONECTAR CON TU PERSONA Y PODER DISFRUTAR DE LAS ENSEÑANZAS Y APRENDIZAJES QUE NOS BRINDAS A CADA UNO DE NOSOTROS. Y DEBO CONFESAR…QUE CADA VEZ QUE VEO UN VIDEO O LEO UN ARTICULO TUYO ESTOY ANSIOSA POR RECIBIR LA PROXIMA ENSEÑANZA.
    TAMBIEN DEBO RECONOCER QUE ESTOY TODOS LOS DIAS TRATANDO DE ROMPER CON EL HABITO DE PROCASTINAR Y APRENDER A AMARME A MI MISMA CADA DIA UN POQUITO MAS. UN ABRAZO GRANDE

    1. María, muchas gracias por tus bellas palabras. Me alegro mucho que mis artículos te ayuden. Ánimo con el cambio de esos hábitos. Abrazo grande!

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