Secuestro emocional. Trasciéndelo y crece

shutterstock_331470728

Claves_del_articulo

Este post está escrito por Dennis Leyton al que ya tuve el placer de entrevistar en mi blog en la sección de Personas que han reinventado su vida. Dennis es de Costa Rica y ahora reside en Rusia. Soy de Rusia originalmente y Costa Rica es uno de los países que más me han llamado la atención de todos los que he visitado. ¡Teníamos que conocernos! Además de ser emprendedor y blogger con otros proyectos desde hace años, Dennis tiene un nuevo e interesante blog en el que habla de temas como desarrollo personal, motivación y productividad. Hace vídeos y reseñas de libros, uno de los cuales, The big leap, me ha impactado muy positivamente.
Además, para hacer este artículo aún más especial y traerte todavía más valor, Dennis y yo hemos realizado una entrevista que te comparto a continuación, en la que abordamos temas como las diferencias entre misión, propósito y cómo encontrar esa habilidad única en la que eres naturalmente bueno. Te dejo con esta vídeo-entrevista y no olvides que es algo que complementa el artículo, por lo que es imprescindible que también lo leas, si quieres llevarte el máximo valor.

¿Es lo mismo misión que propósito de vida? En este post y vídeo descubrirás las diferencias. Envía Tweet
¿Alguna vez has oído hablar de la palabra “Ikigai”?

Llevas tiempo en el oficio de moda de “conocerte a ti mismo”.

Horas y energía que se cuentan por toneladas, invertidas en la loable labor de cultivarte por dentro y por fuera.

Has aprendido mucho, leído montones de libros, consumido variedad de cursos (enlace: https://mariamikhailova.com/cursos-maria-mikhailova/). No se ha quedado sólo en la acumulación de teoría, claro que no.

Te has comprometido de veras, has hecho los ejercicios que recomendaban, practicado la meditación y has hecho ejercicios como el del espejo (ejercicio de autoestima) cada mañana al despertarte durante varios meses.

Por no hablar de las afirmaciones. Tienes un archivo de documentos de todas tus afirmaciones ordenadas por fechas y orden alfabético. (Estoy exagerando un poco, pero en mi caso se aplica ).

MENOS FORMA Y MÁS FONDO (H2)

Al contrario de lo que pueda parecer, no estoy burlándome de todas estas prácticas.

No faltarán los detractores de este tipo de actividades afirmando que no valen para nada.

Aunque entiendo su punto de vista, no soy una de ellas.

Yo llevo haciendo ese tipo de cosas más de veinte años. Y ya puedes creerme si te digo que cuando yo era adolescente no era (pero para nada) habitual dedicarte a estas tareas.

Digo que entiendo la postura de quienes critican todo esto, porque también he sentido cierta animadversión ante el bombardeo de mensajes como “misión de vida”, “descubrir tu pasión”, etc. que están por todas partes.

No porque me moleste esta proliferación (ya que opino que es señal de una elevación de la conciencia colectiva cada vez más extendida). Es más bien porque, algunas veces, se cae en el estereotipo vacío y todos eso mensajes, a veces, no vienen acompañados de verdadero sentido y profundidad. A veces parece que simplemente es una moda o queda bien tener esa filosofía.

Creo que esto ha dañado la imagen de todo lo que tiene que ver con el Desarrollo Personal (por no hablar de la palabra Autoayuda que está crucificada por más de uno).

A parte de esto, también reconozco que las prácticas y estrategias del Desarrollo Personal en sí mismas no te llevan a ningún avance real. Son herramientas.

Es como si alguien pensara que con comprar un martillo ya ha hecho todo cuánto necesita para fabricar un bonito mueble.

Eso es absurdo.

Sin embargo, no me negarás que, si realmente quieres ese mueble, te tomas el tiempo de aprender cómo hacerlo, practicas, compras los materiales adecuados y otras herramientas, te armas de paciencia y buena voluntad, la adquisición de un buen martillo, será una ayuda más (nada despreciable) para que acabes fabricando un súper mueble.

En conclusión:

Herramientas, sí. ¿Sólo herramientas? No.

Necesitarás predisposición, intención, compromiso, valentía, y alguna que otra cosa más.

VOLVAMOS A TI Y A TU EVOLUCIÓN (H2)

Has utilizado las herramientas adecuadas y has adquirido un firme compromiso. Has integrado conocimientos y una comprensión más amplia y profunda de tu vida en general.

Es cierto que a veces te has desviado del camino y te has autoengañado. Has “trabajado” a medias en esto de tu propio desarrollo, sin un verdadero compromiso, sólo para sentirte mejor. Pero luego te has dado cuenta y has vuelto a ponerte manos a la obra.

Tu intención de mejora (en todos los sentidos) y de crear una vida con sentido, es sincera.

Y ha dado sus frutos, de hecho. Claro que sí.

Has ido ascendiendo a una medida de comprensión cada vez mayor.

Incluso has vivido momentos de auténtica epifanía. “Momentos ahá”, o “momentos clic”… Llámalos como quieras. Esos momentos en los que una comprensión mucho mayor de la habitual en ti te invade y todo toma otro color. Casi te cuesta reconocer la realidad.

Todo parece nuevo ahora. ¿Te ha ocurrido? Las piezas de repente encajan como nunca lo hubieras dicho antes. ¿Cómo no te habías dado cuenta hasta ahora?

Esos momentos que te conmueven profundamente y no vuelves a ser el mismo.

¿Lo has vivido? ¿Te suena familiar?

Eso nadie te lo puede arrebatar.

LO ESTÁS HACIENDO BIEN (H2)

Pero es que no se queda ahí: has conseguido (si bien es cierto que no siempre) integrar esa nueva comprensión en tu escala de valores, en tus hábitos y, en definitiva, en tu nueva manera de estar en el mundo, para que no se quede en una simple experiencia anectdótica.

Y no lo has hecho mal.

Has movido muchas “fichas”, lidiado con muchos “dragones rojos” (tus miedos) y matado muchas “vacas sagradas” (tus creencias anteriores).

Has construido una vida acorde con tu crecimiento. Puede que no lo tengas todo hecho, pero es innegable que has avanzado.

Todos los “quesitos” (o áreas) de tu vida lo demuestran: relaciones, trabajo, autoestima…

Todo eso es cierto. Lo sabes. Y estás bien orgulloso.

Y SIN EMBARGO… (H2)

Peeeeero… (Y aquí es donde quería llegar) de repente, llega ese fatídico día; ese día cualquiera en el que, sin razón aparente, nada te cuadra.

Se apoderan de ti antiguos miedos y recaes en viejos patrones de comportamiento que pensabas haber superado.

Te vuelves a sentir tan pequeño como al principio y los ideales que justo ayer te llenaban de fuerza, ahora no parecen tener sentido.

Tienes, por ejemplo, alguna reacción instintiva que apunta hacia la posibilidad de que no hayas aprendido absolutamente nada.

¿Sabes de lo que hablo?

Quizá el detonante ha sido una situación concreta, o quizá no. Talvez todo iba bien y, súbitamente, algo parece haberse “desenchufado” en ti.

Pareces haber perdido todo ese material que tenías instalado en tu nuevo “software”.

¿Y si no estaba tan bien arraigado en ti como creías? ¿Y si no era un aprendizaje auténtico, sólo una adopción superficial de creencias?

Te entra el pánico. Te sientes desolado.

La culpa también aparece.

Has subido una enorme escalera y ahora te has caído al vacío. Lo has estropeado todo en unos segundos.

¿Lo has sentido? ¿Te ha pasado esto también?

Yo te puedo bien asegurar que sí.

Ha habido algún estímulo (a menudo minúsculo) que ha desencadenado una correlación de acontecimientos y reacciones por mi parte que, antes de que me diera cuenta, me ha llevado a una inundación emocional.

No parece haber tierra a la vista ni tabla a la que subirse para salvarse desde ese mar incontrolable.

Me refiero a ese estado en el que, de pronto, las mismas cosas que hasta ayer estaban bastante bien bajo tu mirada, ahora parecen pura catástrofe.

Pierdes la concentración y tu sensación de conexión contigo y con el mundo. Puedes sentirte muy vulnerable y, por lo tanto, es posible que te dé por defenderte o atacar sin darte cuenta ni venir a cuento.

Puede que te invada la rabia, y te sientas agotado, triste, y decepcionado.

Como digo, este estado catastrófico puede venir detonado por algo concreto que haya ocurrido o puede ser que se dé tras una sucesión de pequeñas cosas.

En todo caso, me estoy refiriendo a ese fenómeno emocional que sabes de cierto que no está causado por nada externo. Sabes que permanecía latente y agazapado en tu interior, aunque tú no quisieras verlo y que, simplemente, ha encontrado la excusa para hacerse evidente.

LA HABITACIÓN DEL CAOS (H2)

Voy a hablar de esto con una metáfora.

En algún lugar oí hace mucho, mucho tiempo, que todos tenemos en nuestra mente una “habitación del caos”.

Digamos que nuestro hogar mental está aparentemente ordenado y bien decorado. Es un lugar cómodo y funcional en el que podemos desarrollar nuestra vida perfectamente.

Sin embargo, al fondo del pasillo, casi oculta, se encuentra una oscura habitación en la que no nos gusta entrar. Casi fingimos que no existe.

Es la habitación donde van a parar todas las cosas que no nos gustan de nosotros y de nuestra vida. Todo aquello que no queremos ver y para lo que no encontramos lugar en nuestro hogar mental, porque creemos que no es correcto o no encaja.

De modo que lo tiramos de cualquier manera en esa habitación cerrando la puerta.

Allá se van acumulando todas esas cosas que no aceptamos de nosotros y de las que nos avergonzamos.

Sin embargo, si no ponemos orden de vez en cuando, al final la habitación se llena, se desborda y los trastos viejos acaban ocupando el pasillo.

Es una manera de decir que, si no te ocupas de aspectos menos atractivos de ti y lo único que haces es esconderlos, finalmente ocuparan tu mente, volviéndola menos funcional, menos eficaz.

Acabaran por afectar a otras funciones de tu cerebro.

Considero que la vida, que es muy sabia, cuando estás escondiendo algo que necesita ser reparado, ordenado y limpiado durante mucho tiempo, te pone delante cualquier detonante que hace que todo esto salga a la luz. Lo hace, digamos, por amor. Para forzarnos un poquito a atender eso que preferimos ignorar.

Y tenemos una especie de cortocircuito.

SECUESTRO EMCIONAL (H2)

Leí hace ya tiempo un artículo (enlace: https://mariamikhailova.com/2016/04/04/miedo-a-hablar-en-publico/) en este blog que, a propósito de otro tema, acababa refiriéndose a algo que me llamó muchísimo la atención: el secuestro emocional.

En éste, María afirmaba:

“Un secuestro emocional es un estado provocado por nuestro sistema límbico que traslada nuestro cuerpo a un “estado de emergencia” en el que las emociones te llevan sin que puedas hacer nada para evitarlo. No eres capaz de pensar, sólo te dejas llevar por tus emociones más agudas. Esto se produce en pocos segundos y no tenemos tiempo de valorar la situación con objetividad ni tomar decisiones de forma racional”.

Me quedé enganchada releyéndolo una y otra vez porque me resonaba de manera increíble.

Aunque el post se centraba en otro tema, en el fondo, describía eso que yo sufría a veces en silencio con cierta vergüenza. En ese momento pensé que un día me gustaría escribir algo relacionado con este tema en este mismo sitio.

Parece que ese día ha llegado.

En fin, el caso ese post me incitó a buscar más información sobre el asunto, y toda esa investigación dio respuesta a algo que me rompía los esquemas de vez en cuando dejándome confundida y agotada.

Desde que entendí un poco mejor todo esto, cuando vuelve a ocurrirme (sí, me pasa a veces), soy capaz de trivializar ese estado desde la comprensión y puedo mantener el tipo con integridad.

Me centro en “leer” al máximo el mensaje de aprendizaje y sabiduría que trae consigo ese vaivén emocional y sigo adelante con mi desarrollo, mis proyectos y con mi autoestima intacta.

Eso es lo que quiero para ti e intento facilitarte un poco con este post.

MI CONCLUSIÓN (H2)

No sé si me he pasado con las metáforas y al final nada se entiende, pero lo que quiero decirte es lo siguiente:

A mí la vida me ha enseñado que no puedo engañarme a mí misma por demasiado tiempo. Ésta encuentra el modo de mostrarte lo que trato de ocultarme.

Para mí, los primeros avisos de que hay alguna herida interna sin ser atendida, son estos episodios, injustificados aparentemente.

Cuando insistía en hacer caso omiso de las señales, enfermaba físicamente o enfermaban mis relaciones (con personas, con el trabajo…), de algún modo.

Si identificas esos estados abruptos del ánimo, te animo a dejar de esconderlos y de avergonzarte de ellos.

Es cierto que me parece muy saludable que no escuches demasiado a esa fatídica voz que te habla de dramas, porque sabes que es una distorsión de tu percepción y que “mañana” lo verás más claro.

Pero no lo ignores por completo. Te trae información muy valiosa de un dolor emocional que se encuentra en ti. Esa información puede serte muy útil para sanarlo.

La fórmula que te propongo, con respecto a ese secuestro emocional, es:

Ni te lo creas ni lo ignores.

Establece un término medio. Y, para mí, ese término medio es la observación.

Contempla ese estado sin juicios, sin miedo. Fíjate en él y atrévete a ahondar y descubrir qué se encuentra detrás.

No te resistas, trasciéndelo.

Sólo cuando te atrevas a iluminar tu zona oscura con la luz de la conciencia, empezarán a disolverse los fantasmas de la oscuridad.

TRAS LA OBSEVACIÓN, LA DECISIÓN (H2)

Para mí, estos episodios de “secuestro”, son oportunidades de profundidad

Si trasciendo el dolor y no me dejo llevar por el miedo que este me despierta, me sirven para darle más profundidad a mis valores, y a los motivos de mis prioridades.

Me hacen cuestionarme en serio muchas cosas.

Así que, esas crisis, me empujan a cambiar y tirar todo lo superfluo (creencias, actitudes, limitaciones…).

Y, de igual manera, me incitan a comprometerme más con aquello que descubro que de verdad es importante para mi realización (enlace: https://mariamikhailova.com/2016/04/18/autorrealizacion-para-que-necesitamos-realizarnos/).

Este proceso tiene lugar mediante las decisiones conscientes.

El tema de las decisiones se ha convertido en mi preferido en los últimos tiempos porque encuentro que son nuestra puerta a la libertad y a la coherencia.

Si hacemos este proceso de limpieza del que te hablaba (tirar todo lo que sobre y aferrarte más a lo importante), tomarás decisiones sabias y a favor con esta nueva escala de valores.

Serán decisiones, sin duda, que te conducirán a una vida más auténtica, más realizada y más coherente.

Una vida más alineada, en definitiva, con aquella persona que en realidad eres y que nunca dejaste de ser.

Mi trabajo, como digo, se está enfocando cada vez más en esta tarea. Si quieres aprender a tomar este tipo de decisiones poderosas en tu vida, puedes descargarte gratis mi ebook (enlace: https://www.cristinahortal.com/gratis/)

Y si quieres comentar algo al respecto, o contarnos tu experiencia con este tema, por supuesto me encantará leerte en los comentarios.


Soy costarricense, esposo, padre, emprendedor digital y fundador de Yo++. He creado este sitio para ayudarte a romper con la monótona rutina diaria, atreverte a expandir tus límites y crear un estilo de vida por el que te apasione levantarte todos los días. Si gustas he creado un curso gratuito de 3 días  llamado «Levántate Con Ganas» para levantarte con motivación y optimismo todos los días, para unirte haz clic aquí.

RECIBE TU PACK DE BIENVENIDA

Suscríbete y recibe en tu correo estos regalos GRATIS:

  • Tu Cuaderno de Coaching para crear un año a tu medida
  • Mis 3 ebooks en PDF para tu reinvención personal y profesional

  • Hola Eliana!
    Exacto. En la humildad de reconocer esa parte de ti y en la integridad de abrazarlo todo, está el verdadero crecimiento. Al menos, esa es mi experiencia.
    Cada vez que aparece esa sombra, es una oportunidad de alcanzar mayor profundidad en nuestras vidas si nos atrevemos a sumergirnos en ella. Profundidad que, sin duda, resultará valiosa en muchos sentidos.
    Yo sigo encontrándome con ella, pero puedo decir que ya no me asusta, ni me avergüenza.
    De verdad, celebro que este post te haya sido enriquecedor. Un abrazo grandísimo, Eliana!

  • Ahora entiendo muchas cosas Cristina y María. Me pasa exactamente lo mismo. Llevo años trabajando en mi misma, haciendo infinidad de ejercicios, aplicando técnicas, leyendo cantidad de libros y artículos, utilizando diferentes herramientas, pero llega siempre un día, uno de esos inadvertidos e inesperados, y caigo de nuevo, es como si hubiese una puerta secreta con un deslizador oscuro que me lleva a esta habitación del caos, y me cuestiono a mi misma y hasta he llegado a creer que nada he aprendido, hasta que limpio mi casa interna, me permito sentir, y luego caigo en cuenta que era un proceso para organizarme por dentro.
    Gracias a ambas por este post que me ha brindado mucho entendimiento. Saludos.

    • Hola Eliana! Pues ya eres una de muchas que reconocemos que es normal sentirnos mal de vez en cuando, caer en viejos patrones, sentirnos perdidas… Es parte de la vida y del crecimiento. Así que reconocerlo es el primer paso. Abracemos nuestras sombras y démosles su lugar. Un abrazo grande, hermosa!

  • Muy buen post Cristina.
    He ido haciendo mías tus palabras a medidas que las leía. Y por destacar sólo una idea, me quedo con la de un comentario anterior: somo un TODO, y en un continuo nos movemos. Orden-desorden, y en medio todos sus grises. Temeridad-Valentía (y en medio, todos sus grises). Disciplina- rebeldía… Y ahí nos movemos.
    Poner luz en esa habitación, para mi, es aceptar e integrar esa parte que nos gusta nosotros, permitiéndonos habitarla sin sufrir.

    Personalmente, he cogido como hábito pillarme en el momento en el que se produce un secuestro emocional. Tal vez tarde unos cuantos segundos, pero lo hago. Y me digo… bien Jesús, ¿qué hay detrás de este miedo/cabreo/vergüenza,…? Puede que no termine de integrar, pero al menos lo voy poniendo en consciencia.

    Gracias y abrazos, a ti y a María.

    • Hola Jesús
      Así es. Es todo un arte; un juego malabar de la consciencia.
      Estamos «programados» para juzgar y catalogar, reaccionar y resistirnos.
      Atrevernos a sentirlo todo sin resistencia, pero sin dejarnos arrastrar requiere un gran equilibrio.
      Mis felicitaciones, de corazón, por tu resolución a seguir avanzando en el desafío más exigente: la conquista de ti mismo.
      Muchísimas gracias por tu valiosa aportación. Un abrazo.