Secuestro emocional. Trasciéndelo y crece

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Claves_del_articulo

Este post está escrito por Cristina Hortal, una lectora fiel de mi blog y coach que habla en su blog de cómo tomar decisiones conscientes, a la que tuve el placer de conocer en Madrid recientemente.  En su blog nos inspira a tomar decisiones desde el corazón y escuchar nuestra voz interior.

Te invito a leer este post muy profundo y auténtico en el que Cristina nos habla de un tema muy interesante: el secuestro emocional y cómo gestionarlo. Espero que te inspire y ayude, como lo ha hecho conmigo.

Secuestro emocional. Trasciéndelo y crece

Llevas tiempo en el oficio de moda de “conocerte a ti mismo”.

Horas y energía que se cuentan por toneladas, invertidas en la loable labor de cultivarte por dentro y por fuera.

Has aprendido mucho, leído montones de libros, consumido variedad de cursos de crecimiento personal. No se ha quedado sólo en la acumulación de teoría, claro que no.

Te has comprometido de veras, has hecho los ejercicios que recomendaban, practicado la meditación y has hecho ejercicios como el del espejo (ejercicio de autoestima) cada mañana al despertarte durante varios meses.

Por no hablar de las afirmaciones. Tienes un archivo de documentos de todas tus afirmaciones ordenadas por fechas y orden alfabético. (Estoy exagerando un poco, pero en mi caso se aplica).

Menos forma y más fondo

Al contrario de lo que pueda parecer, no estoy burlándome de todas estas prácticas.

No faltarán los detractores de este tipo de actividades afirmando que no valen para nada.

Aunque entiendo su punto de vista, no soy una de ellas.

Yo llevo haciendo ese tipo de cosas más de veinte años. Y ya puedes creerme si te digo que cuando yo era adolescente no era (pero para nada) habitual dedicarte a estas tareas.

Digo que entiendo la postura de quienes critican todo esto, porque también he sentido cierta animadversión ante el bombardeo de mensajes como “misión de vida”, “descubrir tu pasión”, etc. que están por todas partes.

No porque me moleste esta proliferación (ya que opino que es señal de una elevación de la conciencia colectiva cada vez más extendida). Es más bien porque, algunas veces, se cae en el estereotipo vacío y todos esos mensajes, a veces, no vienen acompañados de verdadero sentido y profundidad. A veces parece que simplemente es una moda o queda bien tener esa filosofía.

Creo que esto ha dañado la imagen de todo lo que tiene que ver con el Desarrollo Personal (por no hablar de la palabra Autoayuda que está crucificada por más de uno).

Aparte de esto, también reconozco que las prácticas y estrategias del Desarrollo Personal en sí mismas no te llevan a ningún avance real. Son herramientas.

Es como si alguien pensara que con comprar un martillo ya ha hecho todo cuánto necesita para fabricar un bonito mueble.

Eso es absurdo.

Sin embargo, no me negarás que, si realmente quieres ese mueble, te tomas el tiempo de aprender cómo hacerlo, practicas, compras los materiales adecuados y otras herramientas, te armas de paciencia y buena voluntad, y la adquisición de un buen martillo, será una ayuda más (nada despreciable) para que acabes fabricando un súper mueble.

En conclusión:

Herramientas, sí. ¿Sólo herramientas? No.

Necesitarás predisposición, intención, compromiso, valentía, y alguna que otra cosa más.

Tú y tu evolución personal

Has utilizado las herramientas adecuadas y has adquirido un firme compromiso. Has integrado conocimientos y una comprensión más amplia y profunda de tu vida en general.

Es cierto que a veces te has desviado del camino y te has auto-engañado. Has “trabajado” a medias en esto de tu propio desarrollo, sin un verdadero compromiso, sólo para sentirte mejor. Pero luego te has dado cuenta y has vuelto a ponerte manos a la obra.

Tu intención de mejora (en todos los sentidos) y de crear una vida con sentido, es sincera.

Y ha dado sus frutos, de hecho. Claro que sí.

Has ido ascendiendo a una medida de comprensión cada vez mayor.

Incluso has vivido momentos de auténtica epifanía. “Momentos ahá”, o “momentos click”… Llámalos como quieras. Esos momentos en los que una comprensión mucho mayor de la habitual en ti te invade y todo toma otro color. Casi te cuesta reconocer la realidad.

Todo parece nuevo ahora. ¿Te ha ocurrido? Las piezas de repente encajan como nunca lo hubieras dicho antes. ¿Cómo no te habías dado cuenta hasta ahora?

Esos momentos que te conmueven profundamente y no vuelves a ser el mismo.

¿Lo has vivido? ¿Te suena familiar?

Eso nadie te lo puede arrebatar.

Lo estás haciendo bien

Pero es que no se queda ahí: has conseguido (si bien es cierto que no siempre) integrar esa nueva comprensión en tu escala de valores, en tus hábitos y, en definitiva, en tu nueva manera de estar en el mundo, para que no se quede en una simple experiencia anectdótica.

Y no lo has hecho mal.

Has movido muchas “fichas”, lidiado con muchos “dragones rojos” (tus miedos) y matado muchas “vacas sagradas” (tus creencias anteriores).

Has construido una vida acorde con tu crecimiento. Puede que no lo tengas todo hecho, pero es innegable que has avanzado.

Todos los “quesitos” (o áreas) de tu vida lo demuestran: relaciones, trabajo, autoestima…

Todo eso es cierto. Lo sabes. Y estás bien orgulloso.

Cuando de repente nada te cuadra

Peeeeero… (Y aquí es donde quería llegar) de repente, llega ese fatídico día; ese día cualquiera en el que, sin razón aparente, nada te cuadra.

Se apoderan de ti antiguos miedos y recaes en viejos patrones de comportamiento que pensabas haber superado.

Te vuelves a sentir tan pequeño como al principio y los ideales que justo ayer te llenaban de fuerza, ahora no parecen tener sentido.

Tienes, por ejemplo, alguna reacción instintiva que apunta hacia la posibilidad de que no hayas aprendido absolutamente nada.

¿Sabes de lo que hablo?

Quizá el detonante ha sido una situación concreta, o quizá no. Tal vez todo iba bien y, súbitamente, algo parece haberse “desenchufado” en ti.

Pareces haber perdido todo ese material que tenías instalado en tu nuevo “software”.

¿Y si no estaba tan bien arraigado en ti como creías? ¿Y si no era un aprendizaje auténtico, sólo una adopción superficial de creencias?

Te entra el pánico. Te sientes desolado. La culpa también aparece.

¿Lo has sentido? ¿Te ha pasado esto también?

Yo te puedo bien asegurar que sí.

Ha habido algún estímulo (a menudo minúsculo) que ha desencadenado una correlación de acontecimientos y reacciones por mi parte que, antes de que me diera cuenta, me ha llevado a una inundación emocional.

No parece haber tierra a la vista ni tabla a la que subirse para salvarse desde ese mar incontrolable.

Me refiero a ese estado en el que, de pronto, las mismas cosas que hasta ayer estaban bastante bien bajo tu mirada, ahora parecen pura catástrofe.

Pierdes la concentración y tu sensación de conexión contigo y con el mundo. Puedes sentirte muy vulnerable y, por lo tanto, es posible que te dé por defenderte o atacar sin darte cuenta ni venir a cuento.

Puede que te invada la rabia, y te sientas agotado, triste, y decepcionado.

Como digo, este estado catastrófico puede venir detonado por algo concreto que haya ocurrido o puede ser que se dé tras una sucesión de pequeñas cosas.

En todo caso, me estoy refiriendo a ese fenómeno emocional que sabes de cierto que no está causado por nada externo. Sabes que permanecía latente y agazapado en tu interior, aunque tú no quisieras verlo y que, simplemente, ha encontrado la excusa para hacerse evidente.

La habitación del caos

Voy a hablar de esto con una metáfora.

En algún lugar oí hace mucho, mucho tiempo, que todos tenemos en nuestra mente una “habitación del caos”.

Digamos que nuestro hogar mental está aparentemente ordenado y bien decorado. Es un lugar cómodo y funcional en el que podemos desarrollar nuestra vida perfectamente.

Sin embargo, al fondo del pasillo, casi oculta, se encuentra una oscura habitación en la que no nos gusta entrar. Casi fingimos que no existe.

Es la habitación donde van a parar todas las cosas que no nos gustan de nosotros y de nuestra vida. Todo aquello que no queremos ver y para lo que no encontramos lugar en nuestro hogar mental, porque creemos que no es correcto o no encaja.

De modo que lo tiramos de cualquier manera en esa habitación cerrando la puerta.

Allá se van acumulando todas esas cosas que no aceptamos de nosotros y de las que nos avergonzamos.

Sin embargo, si no ponemos orden de vez en cuando, al final la habitación se llena, se desborda y los trastos viejos acaban ocupando el pasillo.

Es una manera de decir que, si no te ocupas de aspectos menos atractivos de ti y lo único que haces es esconderlos, finalmente ocuparan tu mente, volviéndola menos funcional, menos eficaz.

Acabaran por afectar a otras funciones de tu cerebro.

Considero que la vida, que es muy sabia, cuando estás escondiendo algo que necesita ser reparado, ordenado y limpiado durante mucho tiempo, te pone delante cualquier detonante que hace que todo esto salga a la luz. Lo hace, digamos, por amor. Para forzarnos un poquito a atender eso que preferimos ignorar.

Y tenemos una especie de cortocircuito.

Secuestro emocional

Leí hace ya tiempo un artículo de María Mikhailova que, a propósito de otro tema, acababa refiriéndose a algo que me llamó muchísimo la atención: el secuestro emocional.

En éste, María afirmaba:

“Un secuestro emocional es un estado provocado por nuestro sistema límbico que traslada nuestro cuerpo a un “estado de emergencia” en el que las emociones te llevan sin que puedas hacer nada para evitarlo. No eres capaz de pensar, sólo te dejas llevar por tus emociones más agudas. Esto se produce en pocos segundos y no tenemos tiempo de valorar la situación con objetividad ni tomar decisiones de forma racional”.

Me quedé enganchada releyéndolo una y otra vez porque me resonaba de manera increíble.

Aunque el post se centraba en otro tema, en el fondo, describía eso que yo sufría a veces en silencio con cierta vergüenza. En ese momento pensé que un día me gustaría escribir algo relacionado con este tema en este mismo sitio.

Parece que ese día ha llegado.

En fin, el caso ese post me incitó a buscar más información sobre el asunto, y toda esa investigación dio respuesta a algo que me rompía los esquemas de vez en cuando dejándome confundida y agotada.

Desde que entendí un poco mejor todo esto, cuando vuelve a ocurrirme (sí, me pasa a veces), soy capaz de relativizar ese estado desde la comprensión y puedo mantener el tipo con integridad.

Me centro en “leer” al máximo el mensaje de aprendizaje y sabiduría que trae consigo ese vaivén emocional y sigo adelante con mi desarrollo, mis proyectos y con mi autoestima intacta.

Eso es lo que quiero para ti e intento facilitarte un poco con este post.

Mi conclusión al secuestro emocional

No sé si me he pasado con las metáforas y al final nada se entiende, pero lo que quiero decirte es lo siguiente:

A mí la vida me ha enseñado que no puedo engañarme a mí misma por demasiado tiempo. Ésta encuentra el modo de mostrarte lo que trato de ocultarme.

Para mí, los primeros avisos de que hay alguna herida interna sin ser atendida, son estos episodios, injustificados aparentemente.

Cuando insistía en hacer caso omiso de las señales, enfermaba físicamente o enfermaban mis relaciones (con personas, con el trabajo…), de algún modo.

Si identificas esos estados abruptos del ánimo, te animo a dejar de esconderlos y de avergonzarte de ellos.

Es cierto que me parece muy saludable que no escuches demasiado a esa fatídica voz que te habla de dramas, porque sabes que es una distorsión de tu percepción y que “mañana” lo verás más claro.

Pero no lo ignores por completo. Te trae información muy valiosa de un dolor emocional que se encuentra en ti. Esa información puede serte muy útil para sanarlo.

Cómo enfrentarte a episodios de secuestro emocional

La fórmula que te propongo, con respecto a ese secuestro emocional, es:

Ni te lo creas ni lo ignores.

Establece un término medio. Y, para mí, ese término medio es la observación.

Contempla ese estado sin juicios, sin miedo. Fíjate en él y atrévete a ahondar y descubrir qué se encuentra detrás.

No te resistas, trasciéndelo.

Sólo cuando te atrevas a iluminar tu zona oscura con la luz de la conciencia, empezarán a disolverse los fantasmas de la oscuridad.

Tras la observación, la decisión

Para mí, estos episodios de “secuestro”, son oportunidades de profundidad.

Si trasciendo el dolor y no me dejo llevar por el miedo que este me despierta, me sirven para darle más profundidad a mis valores, y a los motivos de mis prioridades.

Me hacen cuestionarme en serio muchas cosas.

Así que, esas crisis, me empujan a cambiar y tirar todo lo superfluo (creencias, actitudes, limitaciones…).

Y, de igual manera, me incitan a comprometerme más con aquello que descubro que de verdad es importante para mi realización.

Este proceso tiene lugar mediante las decisiones conscientes.

El tema de las decisiones se ha convertido en mi preferido en los últimos tiempos porque encuentro que son nuestra puerta a la libertad y a la coherencia.

Si hacemos este proceso de limpieza del que te hablaba (tirar todo lo que sobre y aferrarte más a lo importante), tomarás decisiones sabias y a favor con esta nueva escala de valores.

Serán decisiones, sin duda, que te conducirán a una vida más auténtica, más realizada y más coherente.

Una vida más alineada, en definitiva, con aquella persona que en realidad eres y que nunca dejaste de ser.

Mi trabajo, como digo, se está enfocando cada vez más en esta tarea. Si quieres aprender a tomar este tipo de decisiones poderosas en tu vida, puedes descargarte gratis mi ebook

Y si quieres comentar algo al respecto, o contarnos tu experiencia con este tema, por supuesto me encantará leerte en los comentarios.


Soy Cristina Hortal, experta en Autoconocimiento, Desarrollo Personal y Conciencia. Formada en Coaching, PNL e Inteligencia Emocional. Acompaño a personas en la toma de decisiones conscientes y valientes para que puedan guiar su vida hacia una coherencia mayor. Autora de este blog y de dos libros de temática afín.

18 comentarios

  1. Me ha parecido muy interesante el post.
    Creo que todos nos identificamos con esos momentos de descontrol que mencionas.
    Me parece muy útil lo que propones de observarlos para después poder actuar conscientemente.
    ¡Un saludo!

    1. Gracias Diana! La verdad es que Cristina ha propuesto un tema muy interesante… y es cierto que muchos alguna vez nos hemos sentido así. Un abrao y gracias por pasarte por aquí!

    2. Hola Diana
      Gracias por aportar tu punto de vista. La verdad es que me parece de vital importancia aprender a integrarlos y tomar conciencia para crear algo constructivo a partir de ellos.
      Puede ser una oportunidad más de crecimiento, estoy segura.
      Un saludo y gracias de nuevo!

  2. Hola Maria y Cristina Hortal, interesante este post que he leído mientras tomó un rico te verde, y creemos que es un momento maravilloso es hacer estás dos cosas. Y quisiera llevar este tema al símil de esa habitación real, en el que acumulaba cosas que no utilizas, que quieres deshacerse de ellas pero que no lo haces,ropa, zapatos, figuras, etc y que vas acumulando, Pero que tu siendo una persona Que lo que va contigo es que sólo quieres tener lo que de verdad utilizas , acorde con tu forma de vestir, lo que de verdad quieres que aparezca en tu habitación, que te identifica, y distingue, pues esa acumulación llega un momento que sale, no puedes evitarla o disimularla, llega un momento en que te dejas de definirte como eres. Y aquí puede surgir el secuestro emocional y dejarte llevar por emociones anteriores. Al final debes sacudir a decisiones conscientes como la observación, la reflexión y la acción, y esto te hace más fuerte, pues te hace pensar que hacer la próxima vez que quieras acumular, hasta dónde acumular para librarte de lo que no quieres. O no acumular. Un saludo Maria gracias como siempre. Y también Cristina Hortal.

    1. Muy buena idea la de no acumular… No es algo sencillo, porque todos de alguna manera reprimimos o rechazamos emociones. Por ejemplo, Sergi Torres nos dice que todo es digno de ser vivido: el dolor, la rabia, el miedo. Así que partiendo de ahí, si vivo a fondo mis emociones, no tengo por qué acumularlas y me sentiré más libre. Gracias como siempre Justino por pasarte por aquí! Un abrazo enorme amigo!

  3. Hola, soy Auri magnífico póst, gracias por tu dar,gracias Maria, siempre sabia, que ganas de gritar tengo cuando entro en mi habitación oscura y veo que todos los adornos, prendas los han puesto otros que de mí no hay nada, que no se que pondré cuando la vacíe, que como duele vaciarla, no me importa, suficiente con haberla encontrado, solo queda gritar seguir gritando y confiar que con esta nueva mirada, libre de vestiduras antiguas, está llegando la paz, camino abierto hacia la libertad, magnífico. GRACIAS

    1. Wow Auri! Qué comentario más valiente y auténtico… Sí, todos tenemos esa habitación que no queremos ver. Esa metáfora que ha puesto Cristina me ha encantado. De hecho ayer sin ir más lejos me encontré con esa habitación en parte y no me gustó nada: de repente vi cualidades mías de las que estoy orgullosa (flexibilidad, libertad) en su lado oscuro: me vuelven caótica, desorganizada y eso para muchas cosas de mi vida es una desventaja. Y ya no me vi tan “guay”, sino muy en el ego. Así que agradezco de vez en cuando asomarme a esta habitación oscura. Quizás no me dan ganas de gritar, pero sí reflexionar y cambiar prioridades y decirme: venga, María, vamos a limpiar un poquito! Qué dosis de humildad! UN abrazo hermosa!

      1. Cada día me gustas más, María, jeje!
        Así es! Puede ser espeluznante darte cuenta de que no eres “guay”. Luego te das cuenta de que tampoco eres “no-guay”.
        Tú lo eres TODO. (Y eso mola más!). Mi toque de humor para hoy, viernes.
        Las etiquetas jamás podrán describirnos, y eso es maravilloso. Es hora de expandirse más allá de ellas y hacerle sitio a nuestra grandeza.
        Abrazos gigantes.

        1. Mil gracias Cristina! Así, es lo somos todo, lo guay y lo no tan guay, la sombra y la luz. No se trata de rechazar nada, sino de integrar y expandirnos. Gracias por recordármelo! Un abrazo grande!

  4. Gracias, Justino, por dejar tu comentario.
    Celebro que hayas disfrutado de tu té y de esta lectura.
    Al final, todo son momentos presentes. Si encontramos momentos de paz y presencia que dedicarnos a nosotros mismos, podemos hacer lo que, en el fondo sugiero en este post: observar sin juicio todo lo que hay en nuestra vida para integrarlo y seguir creciendo.
    Te mando un abrazo y gracias de nuevo por tu aportación.

  5. Hola María y Cristina..Enhorabuena a las dos por el blog y artículo respectivamente..Este tema daría para mucho o para poco según por donde se mire..Y digo esto porque el tema de las sombras, incosciente o fondo de habitación lo vamos a tener presente queramos o no…Como muchos de los que nos interesa el mundo del crecimiento personal, llevo observándome a mi misma y sufriendo muchas veces por creer que yo era esas sombras o ese lado menos bonito de mí, y ciertamente sé que no lo soy, pero no puedo borrarlo porque está ahí, si no tuviéramos ese poso escondido en nosotros, seríamos otra especie, no sé cual, quizás un ángel o “que sé yo” pero desde luego no un un ser humano con un cuerpo físico como somos en la tierra..
    Es cierto que lo que se recomienda y creo que además funciona, es observar esas sombras y no integrarlas como parte de tu personalidad, he escuchado decir que es bueno imaginar que están a tu lado, separarte un poco de ellas, mirarlas, observarlas, o incluso ponerles cara o nombre , pero nunca pensar que tú eres eso, o que eso te define a ti.
    Otra cosa es que a veces, cuando consigues separarte de tu cajón desastre y sientes que estás bien, te das cuenta de que sigues siendo la misma o el mismo, y te entran dudas de si has podido verdaderamente deshacerte de esas sombras..Empiezas a comprobar que hablas igual, que gesticulas igual y que en el fondo eres la misma persona, y creo que a veces nos podemos llegar a confundir deshacerte de ciertos comportamientos que no te gustan , con dejar de ser uno mismo..Esto es algo que a mí me torturó un poco estos últimos meses, había conseguido ganar confianza, seguridad, eliminar algunas zonas oscuras que no me gustaban , pero de repente vi que era la misma…Al final el mensaje que nos tiene que llegar según mi punto de vista, es que te das cuenta de que estás creciendo un poquito como persona, cuando encuentras un punto en el que te sientes bien,sin tener que cambiar tú ni tu personalidad, solo variar aquello que en este preciso momento y estas circunstancias concretas, te está incomodando o impidiendo algo. Lo más curioso además,es que ese punto no es permanente, de repente cambian tus circunstancias, por ejemplo, cambias de casa, de pareja , o aumentas la familia; y compruebas que tienes que volver a cambiar el anclaje porque eso que antes te servía, ahora ya no te sirve, y tienes que volver a poner la varilla recta otra vez dentro de ti….Y así es la vida, buscar el equilibrio y la compensación para encontrar tu punto de anclaje en cada contexto en el que te encuentras….Dejarte llevar e ir equilibrándote en el camino del día a día.
    Os mando un saludo a las dos, a Masha ya la conocía y ya sé que es estupenda, a ti Cristina no te conocía pero me has gustado mucho..¡¡Un fuerte abrazo a las dos!!

    1. Me encantan siempre tus comentarios, Susana. Profundos, de indagación, de reflexión en voz alta… Muy de acuerdo con lo que comentas, de que parece que cambias y luego vuelves a encontrarte con tu yo antigua. Para mí ese crecimiento es continuo. Es como subir unos escalones y luego bajar uno. Pero hay también una cosa interesante de la que me di cuenta hace no mucho. La vida te presentará momentos y situaciones en las que te sorprenderán viejas creencias, antiguos patrones que creías superados. Y es en estos momentos cuando tienes la oportunidad de decidir: si darles peso y ser como antes o aprovecharlos para demostrarle a la vida de que has crecido y puedes pasar por encima de esas viejas historias del desván. A mí por ejemplo me pasa mucho cuando hablo en público o incluso en conferencias online. De repente me sorprendo siendo escuchada, siendo el centro de atención y eso en el pasado me aterraba… Ahora cada vez menos, pero de repente aparece ese viejo recuerdo de ¿quién soy yo para que se me escuche, para que se me valore, para estar en el centro de atención? Y entonces tengo esas milésimas de segundo para decidir si refugiarme en mi guarida o decir: ¡claro que sí, soy tan importante e inteligente que el mundo entero debe escucharme, porque aporto un gran valor! En cuanto permito ese pensamiento, cambia todo: mi postura, mi voz, mi confianza crece… y es a partir de esos momentos de pequeño click donde voy creciendo, aunque sienta que es algo que todavía me queda grande… No sé si me explico jeje. Digamos que siempre podemos elegir: progresar o retroceder. Un abrazo y gracias por tu valiosa aportación, como siempre, hermosa!

  6. Muy buen post Cristina.
    He ido haciendo mías tus palabras a medidas que las leía. Y por destacar sólo una idea, me quedo con la de un comentario anterior: somo un TODO, y en un continuo nos movemos. Orden-desorden, y en medio todos sus grises. Temeridad-Valentía (y en medio, todos sus grises). Disciplina- rebeldía… Y ahí nos movemos.
    Poner luz en esa habitación, para mi, es aceptar e integrar esa parte que nos gusta nosotros, permitiéndonos habitarla sin sufrir.

    Personalmente, he cogido como hábito pillarme en el momento en el que se produce un secuestro emocional. Tal vez tarde unos cuantos segundos, pero lo hago. Y me digo… bien Jesús, ¿qué hay detrás de este miedo/cabreo/vergüenza,…? Puede que no termine de integrar, pero al menos lo voy poniendo en consciencia.

    Gracias y abrazos, a ti y a María.

    1. Hola Jesús
      Así es. Es todo un arte; un juego malabar de la consciencia.
      Estamos “programados” para juzgar y catalogar, reaccionar y resistirnos.
      Atrevernos a sentirlo todo sin resistencia, pero sin dejarnos arrastrar requiere un gran equilibrio.
      Mis felicitaciones, de corazón, por tu resolución a seguir avanzando en el desafío más exigente: la conquista de ti mismo.
      Muchísimas gracias por tu valiosa aportación. Un abrazo.

  7. Ahora entiendo muchas cosas Cristina y María. Me pasa exactamente lo mismo. Llevo años trabajando en mi misma, haciendo infinidad de ejercicios, aplicando técnicas, leyendo cantidad de libros y artículos, utilizando diferentes herramientas, pero llega siempre un día, uno de esos inadvertidos e inesperados, y caigo de nuevo, es como si hubiese una puerta secreta con un deslizador oscuro que me lleva a esta habitación del caos, y me cuestiono a mi misma y hasta he llegado a creer que nada he aprendido, hasta que limpio mi casa interna, me permito sentir, y luego caigo en cuenta que era un proceso para organizarme por dentro.
    Gracias a ambas por este post que me ha brindado mucho entendimiento. Saludos.

    1. Hola Eliana! Pues ya eres una de muchas que reconocemos que es normal sentirnos mal de vez en cuando, caer en viejos patrones, sentirnos perdidas… Es parte de la vida y del crecimiento. Así que reconocerlo es el primer paso. Abracemos nuestras sombras y démosles su lugar. Un abrazo grande, hermosa!

  8. Hola Eliana!
    Exacto. En la humildad de reconocer esa parte de ti y en la integridad de abrazarlo todo, está el verdadero crecimiento. Al menos, esa es mi experiencia.
    Cada vez que aparece esa sombra, es una oportunidad de alcanzar mayor profundidad en nuestras vidas si nos atrevemos a sumergirnos en ella. Profundidad que, sin duda, resultará valiosa en muchos sentidos.
    Yo sigo encontrándome con ella, pero puedo decir que ya no me asusta, ni me avergüenza.
    De verdad, celebro que este post te haya sido enriquecedor. Un abrazo grandísimo, Eliana!

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