Munich

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Siempre me ha gustado viajar. Algunos sitios los repito, porque creo que te dan una perspectiva nueva de la ciudad o del rincón que visitas… las estaciones cambian y las ciudades se transforman. También nosotros cambiamos y las ciudades muestran otro rostro. Las circunstancias, el entorno, el estado de ánimo, de salud, incluso de dinero. Las ciudades viven y se vuelven diferentes con el paso del tiempo, al igual que personas.

Volví a Munich después de casi dos años de vivir en esa ciudad, de haberme sentido muchas veces cansada, incomprendida, extraña, perdida, preguntándome cuál era mi lugar. Y ahora que he vuelto como turista, por fin la disfruté. El buen tiempo también ayudó, todo hay que decirlo. Pero no es lo mismo vivir en un lugar que venir de visita. Para realmente disfrutar de una ciudad como residente a veces no son suficientes unos meses o siquiera años. Algunas ciudades, además, se resisten más a ser adiestradas, y este al parecer es el caso de Munich.

El turista viene despreocupado, con ganas de conocer lo superficial, pues sabe que no tiene tiempo suficiente para adentrarse ni captar la esencia del lugar que visita. Le llegan sonidos, olores, edificios, los transeúntes, las calles y plazas… todo es nuevo y todo tiene el encanto de lo desconocido por descubrir. A un turista no le importa si no se funde con la ciudad, pues tiene un estatus adquirido por derecho propio como trabajador de vacaciones que es, y todo debe ser positivo, todo es diversión.

Pero no todas las ciudades son iguales. Al igual que personas, las ciudades viven y respiran, a veces están cansadas, otras veces les apetece jugar, pueden mostrarte su mejor cara o abofetearte con una lluvia inesperada en el momento menos apropiado. Las ciudades te dejan siempre algún recuerdo, te guste o no.

Munich es una ciudad de otoño. Mientras viví allí adoraba la llegada de la primavera, pues la urbe se volvía verde y tras un largo invierno el sol comenzaba a brillar tímidamente. Los días eran cada vez más largos, la brisa gélida se volvía dócil y las bicicletas revolucionaban sus calles. Mientras fui parte de esta ciudad, amé la primavera en Munich.

Como turista me enamoró su otoño. Munich se vuelve elegante con los mantos amarillos de hojarasca en sus parques y perfectas plazoletas que surgen en cada rincón de la ciudad. ¿Cómo no me había fijado antes en sus plazoletas improvisadas, sus calles casi perfectas y anchas, los edificios de colores pastel formando filas de casitas de juguete ordenadas por algún niño alemán muy obediente?

Los viejos vagones de metro, con su específico olor, podría sentirlo incluso manteniendo los ojos cerrados. Al cabo de dos años, cuando por fin tuve que abandonar ese lugar, al volver allí meses después, me di cuenta de que era una ciudad bella. Cierto es que al despedirme sentí cierta nostalgia, abandonaba aquella urbe en uno de sus veranos más calurosos. Subida a la colina del Parque Olímpico en un día irrespirable de agosto, presenciando un hermoso atardecer coronado por la torre de la TV muniquesa, le dije adiós, dejando atrás sus edificios antiguos y equilibrados formando patios geométricos a caballo entre marrón claro y beige, sus tejados rojizos en forma de pico, sus iglesias católicas y austeras salpicando la urbe aquí y allá; a la derecha, un poco más cerca el original museo BMW formando un cilindro que saluda la prosperidad y el progreso, más lejos el iluminado en rojo cinturón del estadio Allianz-Arena – espacio de adoración de los bávaros, después de sus obligatorios Biergarten claro –  alzándose los montes al fondo, de un azul pálido, anticipando tal vez el final del verano.

La ciudad cambió para mi. Volvía a ser turista disfrutando de su orden, su aparente tranquilidad alemana en cuyo corazón laten pasiones, sus apacibles, indiferentes habitantes, su idioma cada vez más comprensible para mis oídos… Munich volvía a sonreír, tal vez porque de pronto una ráfaga de verano irrumpía cual huésped inesperado en un día de finales de octubre con un guiño que quisiera decirme: ¿te gustaría volver?

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10 comentarios

  1. Coincido plenamente contigo cuando dices que no es lo mismo vivir en un lugar que ir de turista. Tú que has estado recientemente en París, seguro que como turista te ha encantado la ciudad (y no es para menos), pero yo que viví allí cinco meses te puedo decir que en comparación con Madrid y Múnich no me gustó nada.

    A mí Múnich me tira mucho. Vine aquí de chiripa (como sabes encontré la oferta de trabajo por Twitter, no fue que me planteara venir aquí a probar suerte sin tener nada) y no creo que para nadie esté entre las ciudades donde a priori le gustaría vivir (todo el mundo piensa en Nueva York, Londres, mismamente París…), pero yo por lo menos estoy muy contento con la ciudad aunque, por supuesto, hay cosas que no me gustan, empezando por lo complicado que es conocer a gente nativa.

    Felicidades por tu blog ;-)

    1. Pues sí, es lo que dices Diego: turistear y vivir no es lo mismo. Aunque para serte sincera: mi segunda visita a París me decepcionó bastante. Es puro turismo. De hecho ya tengo preparado un articulillo con mi impresión sobre París, por supuesto, desde un punto de vista totalmente subjetivo (que para esto tengo un blog ;). Un abrazo y nos seguimos leyendo, amigo.

  2. ¡Precioso articulo, María! Me ha encantado ver la ciudad a través de tus ojos. Los que vivimos aquí, como dices, muchas veces no prestamos atención a los detalles, lo que verdaderamente hace que la ciudad sea preciosa. Nos centramos en lo negativo, y lo positivo simplemente lo damos por supuesto. En nuestra defensa, creo que es difícil mirar con positividad a la ciudad después de un largo invierno detrás de otro… Se hace muy cuesta arriba :)

    En cualquier caso, me alegro de que disfrutaras de tu última visita y de que construyeras nuevos recuerdos, todos buenos espero, de la ciudad. Ya sabes que ella te esperará con los brazos abiertos (aunque rígidos, al puro estilo alemán) si decides volver :)

    Un besote,
    Yaiza.

    1. Gracias por tu comentario Yaiza. La verdad es que las cosas se ven de otra manera cuando te alejas de ellas. Y lo cierto es que Munich tiene un encanto especial. Si algún día no estáis allí y volvéis, seguro que sentiréis algo parecido. Además el invierno tiene su gracia: los mercadillos, el Glühwein, la nieve… Espero volvernos a ver pronto. Un besote.

      1. estoy de acuerdo cn todo lo dicho..hace 3 meses visite paris y hace 3 semanas he visitado londres y de verdad ke estaba loco por volver a munich…sii sii por volver a munich ,no a sevilla ni a valencia ect…keria y kiero estar en munich..es una ciudad con orden ..ke te educa sin darte cuenta..te hace ser mejor persona…eso si ..es dificilisimo hacer amistades con alemanes nativos..solo en el trabajo ..luego es dificil ke se abran a nosotros..peroo tambien son personas educadas y ke asen ke munich funcione asi de bien…un saludo y viva españa ..x supuesto jijiji…

        1. Muy cierto, Ángel. Munich tiene algo que otras ciudades no tienen: limpieza, orden, seguridad. Eso lo valoro también ahora que vivo en Rotterdam y esta ciudad es un caos comparada con Munich. Lo de hacer amigos alemanes, cierto, es muy difícil, sólo llegué a conocer a un par de ellos de cerca, y hablaban español. Pero seguro que todo es cuestión de tiempo. Especialmente si dominas su lengua.

  3. De aquél viaje de 4000 km. por Europa, Munich fue la ciudad que más me gustó; era verano y ese parque enorme donde había un edificio olímpico y un templete romano (¿de los ingleses?) era perfecto para un turista: sombra y descanso. Luminosa, alegre, con puestos de flores y cervecerías (muuuuchas cervecerías), en especial la Hofbräuhaus donde pude cantar su famosa canción. También recuerdo el edificio de la Bauhaus y naturalmente la plaza de las grandes concentraciones nazis. Como dices, es el privilegio de un turista. Otra cosa sería pasar allí un invierno. Me lo has recordado Masha. Gracias

    1. Jeje, bueno, como le dije a Yaiza, es fácil verlo así cuando no vives ahí. Ya sabes, necesitamos alejarnos un poco para apreciar aquello que teníamos. Y sobre todo si lo comparas con otras ciudades que no son así de… «perfectas». Aunque lo que realmente hace que disfrutes una ciudad es dominar el idioma. Yo al principio me sentía muy perdida, pero poco a poco empiezas a estar más cómodo ahí, porque ya puedes entender al menos la mitad de las cosas. Yo en Rotterdam aun sigo diciendo: sorry, I don´t speak Dutch. Y sí, siempre me contestan en inglés, pero es una sensación de sentirte como fuera de lugar.

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