Cómo liberarte de un dolor emocional en el cuerpo

Hoy te traigo un artículo escrito por Nuria Gallego, en el que nos cuenta por qué tu dolor en el cuerpo no está provocado por el estrés o la mala postura.
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Es algo más profundo.

Pero vayamos por partes.

Primero de todo, quiero que me conozcas un poco más. Si tienes algún dolor físico, estoy segura de que esta historia te interesará.

Cuando yo tenía un año, mi padre murió por cáncer. Por eso, para mí, era normal que él no estuviera, puesto que no tenía ningún recuerdo de haber pasado tiempo con él.

Sin embargo, ahora que he crecido y he atravesado mis dolores físicos de origen emocional, sé que echaba de menos tenerlo en mi vida.

Por ejemplo, tengo en la memoria una vivencia de cuando tenía 8 años. Estaba en la cama, recién despierta, pensado en cómo sería tener un padre amoroso.

Y, en aquel momento, sentí un peso en el colchón. Fue como si él estuviera sentado a los pies de la cama mirándome.

Es posible que esa sensación viniera provocada por mi grandiosa imaginación infantil. No obstante, lo sentí como si fuera real.

Lo importante de este ejemplo es que echaba de menos a mi padre y buscaba maneras de conectar con él. Aunque, cuando crecí, lo olvidé.

Ahora, acompáñame a dar un salto en el tiempo para visitar a la Nuria de 25 años.

Por diversas cuestiones que no voy a contarte en este momento para no hacer demasiado larga esta historia, inicié una formación basada en la danza y el movimiento terapéutico.

Y, además, empecé un proceso de terapia psicocorporal que tenía como objetivo ayudarme a vivir tranquila.

Lo que yo no imaginaba es que esas dos cuestiones iban a revelar mis heridas emocionales más profundas.

Y que la tensión física jugaría un papel muy importante en su sanación.

Una noche, me desperté de repente con un fuerte dolor en el lado derecho de mi espalda. Casi no podía moverme.

No estaba en casa, porque ese era uno de los días en los que estaba haciendo mi formación.

Así que, como pude, intenté pasar el resto de la noche con un ibuprofeno que apenas me hizo efecto.

Por la mañana, quería volver a casa, pero la profesora me convenció para que me quedara.

Me aconsejó que me moviera como pudiera durante los ejercicios. Y, sobre todo, que intentara llegar a la emoción detrás de ese dolor.

Decidí confiar en ella.

Hice todas las actividades, pero no había rastro de sentimiento.

Hasta que llegó el último ejercicio.

Me senté en el suelo y empecé a balancearme mientras me abrazaba. Era lo que el cuerpo me pedía.

Ese sutil movimiento hizo que me conectara con una tristeza muy profunda.

Me derrumbé y asomaron las primeras lágrimas.

Así, nació un llanto desde lo más hondo de mí, desde las tripas. En aquel momento, toda yo era pura emoción. No había nada más.

Solo un desconsuelo y un desamparo enormes.

Poco a poco, mis compañeros y la profesora me ayudaron a recuperar la tranquilidad.

Todavía me dolía la espalda, pero me sentía aliviada, como si me hubiera quitado un peso de los hombros.

En la siguiente semana, estuve de baja laboral.

Así que, con lo que había aprendido en la formación, me propuse sentir la tensión física para descubrir el mensaje emocional que mi cuerpo me mandaba.

Gracias a esto y a una película que decidí ver esos días (París, Texas), hice el click que me faltaba.

En la formación, había llorado por la muerte de mi padre.

Aunque no tuviera recuerdos de él a un nivel consciente, esa pena se había quedado guardada en mi cuerpo hasta que estuve preparada para procesar el trauma emocional.

Y, así, la tensión en mi espalda acabó desapareciendo porque escuché su mensaje.

Ahora que sabes lo que he vivido, voy a detallarte por qué tu cuerpo almacena sentimientos no expresados y qué hacer para liberarte de la tensión física.

Tu dolor no está provocado por el estrés ni la mala postura

Es posible que alguna de estas imágenes te suene:

  • Vuelves del trabajo, tras un día de ir apagando fuegos, y sientes que tu cabeza está a punto de explotar por un intenso dolor.
  • Tu dentista te ha dicho que el bruxismo está causado por el estrés, así que te recomienda aprender alguna técnica de relajación.
  • Te duele la espalda a menudo y piensas que se debe a sentarte encorvada durante muchas horas.

Este tipo de síntomas se pueden solventar con un medicamento o, por supuesto, con una higiene postural correcta.

No voy a ser yo la que te niegue que estas dos soluciones suelen funcionar para paliar el malestar.

Pero, cuando una tensión es recurrente, hay algo más que debes atender: la emoción reprimida en tu cuerpo.

Porque, cuando piensas que tu dolor solo se debe al estrés o la mala postura, es una explicación demasiado general que no aclara nada.

Para entender estas ideas, es importante saber por qué hay sentimientos bloqueados en tus músculos.

Los sentimientos son reacciones corporales acompañadas de pensamientos.

Por ejemplo, si te sientes triste porque tu pareja te ha dejado, lo habitual es que llores y tengas ganas de tumbarte en el sofá con una manta y ponerte en posición fetal.

Lo que busca el cuerpo es ir hacia un estado de recogimiento e introspección, puesto que es lo que sana el dolor por la pérdida.

Ahora bien, muchas personas no saben gestionar sus emociones. Porque nadie les enseñó a hacerlo cuando eran criaturas.

De hecho, los mensajes “no llores”, “no grites”, “cállate”, “pórtate bien” eran bastante habituales en el pasado.

Como los niños y niñas buscan ser aceptados por sus padres o cuidadores, obedecen.

Reprimen sus emociones.

Y lo hacen usando su cuerpo.

Para no llorar, tensan los ojos, encogen su pecho y contraen su respiración.

Para no gritar, aprietan la garganta, ponen rígidos el cuello, los hombros, los brazos y las manos.

Esta forma de oprimir el cuerpo es inconsciente, por supuesto.

Pero, cuando se repite muchas veces, al final, se hace de forma inconsciente.

Siempre que esa persona conecte con esa emoción, su cuerpo se va a cerrar porque “no está bien llorar o enfadarse”.

Al cabo de los años, esas tensiones musculares crónicas se convierten en un dolor físico.

Pero, como hace tanto tiempo que sucedió esa herida emocional, ya no se recuerda el origen.

Así que se busca una explicación coherente: es por el estrés o la mala postura.

Pero, si yo hubiera creído que mi dolor de espalda era por los nervios, seguiría atrapada en el bucle ibuprofeno-masajes-estiramientos que, aunque me hubieran aliviado, no irían a la raíz del problema: la tristeza por la pérdida de mi padre.

Así que, si buscas ponerle freno a ese malestar, es necesario que escuches a tu cuerpo y expreses la emoción reprimida en él.

No busques en Internet el significado emocional de tu dolor

Cuando comencé a conectar con mi cuerpo, no había tanta información sobre los conflictos psicológicos reprimidos en él.

Pero, gracias a las redes sociales y las últimas investigaciones científicas sobre el tema, cada vez es más habitual conocer la relación entre la salud mental-emocional y la física.

Por eso, hay muchos profesionales que llenan su Instagram de mensajes de este tipo: “si te duele X, es porque te pasa Y”.

Por ejemplo, si tienes un problema en tu útero, es porque no aceptas tu energía femenina.

Entiendo que se hagan este tipo de mensajes porque, al fin y al cabo, vivimos en una sociedad que busca soluciones rápidas e inmediatas.

No obstante, si quieres hacer un proceso de sanación profundo, necesitas darte tiempo.

En cambio, el problema de estos contenidos de consumo rápido es que pretenden acercarte al cuerpo desde la mente.

Te llevan a saberlo y, quizá, entenderlo. Pero no van a la raíz: las emociones que hay en ese malestar.

Recuerda que los sentimientos se viven en el cuerpo. Por eso, para expresar tus sentimientos reprimidos, es necesario escuchar al cuerpo.

Es decir, conectar con las sensaciones físicas como la opresión, la rigidez, el vacío, el frío, el cosquilleo, entre otras.

Si te pones en contacto con estas percepciones, inevitablemente, acabarán apareciendo las emociones.

En mi caso, si hubiera creído que mi dolor de espalda se debía a que cargo con mucha responsabilidad (una explicación habitual), me hubiera quedado igual.

Para mí, se debía a la tristeza por la muerte de mi padre.

2 ejercicios para conocer el significado de tu tensión

Una vez explicada la teoría, vamos a pasar a la práctica.

Porque, si solo lees este artículo, estarás cayendo en el mismo error: intentar acercarte al cuerpo desde la mente.

Por eso, quiero mostrarte dos ejercicios de Terapia Corporal Emocional para que puedas probarlo en tu casa.

Primer ejercicio: acércate al cuerpo

Cuando vas a entrenar, antes de ponerte a levantar pesas, es importante hacer un calentamiento.

Así, no te arriesgas a lesionarte.

Por eso, antes de hacer un ejercicio de conexión emocional, es necesario que te prepares y entres en situación.

Si no lo haces, corres el riesgo de que tu experiencia sea vacía y carente de significado.

O que, si te pones en contacto con un sentimiento intenso, te abrumes demasiado y no sepas cómo relajarte.

Así que, antes de entrar al segundo ejercicio, que es algo más avanzado, descárgate este audio para prepararte física, emocional y mentalmente.

Segundo ejercicio: conecta con tus tensiones

Una vez hayas calentado el cuerpo, ya tendrás la preparación necesaria para el segundo ejercicio.

En él, te guío a través de una técnica de Terapia Corporal Emocional que uso mucho en mis sesiones de terapia.

Consiste en descubrir tus tensiones físicas para que, poco a poco, veas qué postura corporal haces cuando tienes dolor. De esta manera, llegas al sentimiento bloqueado.

Por ejemplo, cuando grabé este ejercicio, yo tenía dolor en los hombros y tensión en las mandíbulas. Al entrar en contacto con esas tensiones de la forma en la que explico en el vídeo, vi que la emoción que había detrás de esa rigidez era la rabia.

Una vez hayas calentado el cuerpo con el primer ejercicio, puedes pasar al segundo.
Aquí te guío en el paso a paso.

¿Se puede sanar un dolor emocional bloqueado en el cuerpo?

Para responder esta pregunta, me gusta usar el sentido común.

Si tus tensiones ya han causado problemas estructurales (por ejemplo, te han provocado una hernia), es posible que no elimines del todo el malestar.

Pero eso no significa que no puedas aprender de él o, incluso, conseguir que tu dolor disminuya.

Ahora bien, si no hay una lesión o enfermedad grave, es posible sanarlo. Eso fue lo que me pasó a mí con el dolor de espalda que te he contado al principio de este artículo.

En cuanto descubrí cuál era la herida emocional que había ahí, la tensión desapareció.

Hay otros casos en los que el malestar se suaviza o se va, pero se manifiesta de nuevo de vez en cuando.

A mí, me pasa con la ciática. Cuando me duele esta parte, es para avisarme de que tengo miedo a avanzar o que estoy cansada de seguir por ese “camino”.

Cuando sucede esto, que el dolor va y vuelve, es porque, de nuevo, has vuelto a reprimir el sentimiento. Al fin y al cabo, los cambios necesitan tiempo y, a veces, es fácil caer en las viejas costumbres.

Si estás pendiente de ello y lo tomas como una señal para escucharte, cada vez irás conociendo con mayor profundidad cómo afrontas las dificultades de tu vida.

Esto te da una libertad, una calma y una confianza tremendas.

Ahora te toca a ti: practica los dos ejercicios que te recomiendo en este artículo y, si tienes dudas, escribe un comentario para que pueda responderte.

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Me llamo Nuria. Acompaño a mujeres que han experimentado un trauma que les genera malestares físicos y psicológicos. Les ayudo a liberar las emociones difíciles de esa experiencia que quedaron reprimidas en su cuerpo. Para ello, uso mi método Terapia Corporal Emocional.

Recibe este ejercicio de Terapia Corporal Emocional

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