Las trampas del perfeccionismo

Claves_del_articulo

Parte I: Las causas habituales del perfeccionismo

¿Te exiges demasiado, eres muy perfeccionista y eso te bloquea? No sé si será casualidad, pero la mayoría de mis clientes de coaching me vienen precisamente con este problema.

Frases como “me exijo mucho”, “no me permito fallar”, “miedo al fracaso”, “si no lo hago bien, prefiero no hacerlo”... suelen estar a la orden del día en las personas que creemos que o somos perfectos o nuestro trabajo no vale nada.

El otro día, de hecho, escribía un artículo sobre los 4 niveles evolutivos, emocionales y espirituales. El último de ellos, el más elevado, se refiere a la aceptación y perdón, pero no sólo es el perdón a los demás, sino sobre todo a uno mismo. Y uno de los lectores del artículo me lanzaba esta pregunta:

“¿Por qué nos cuesta tanto perdonarnos a nosotros mismos?” Es decir, perdonamos muchas veces con más facilidad los errores de otros, pero no nos permitimos errores, nos juzgamos duramente y vivimos con esa culpabilidad dentro, pensando: “no lo estoy haciendo bien”, “no merezco la recompensa”, “no soy lo suficientemente bueno”.

Como este artículo me quedó demasiado largo, lo he dividido en dos. En la primera parte quiero contarte las causas más habituales del perfeccionismo, y en este artículo posterior te cuento cómo puedes superar el perfeccionismo, compartiéndote algunas ideas y trucos que propongo a mis clientes de coaching, pero que también he aprendido a aplicarme a mí misma.

Causas del perfeccionismo

La familia

He crecido en una familia de músicos, concretamente en la URSS. Y de alguna forma esto ha marcado el alto nivel de exigencia que existía en aquella sociedad: ser los mejores, esforzarse al máximo, demostrar tu valía... Mis padres, músicos profesionales, habían puesto el listón muy alto para mi hermana pequeña (ahora, la hermana mediana) y para mí. Yo debía ser una gran pianista (y si no, mejor no dedicarme a ello), lo mismo que mi hermana, una violinista del máximo nivel.

Esa exigencia familiar, unida a mi carácter nada competitivo, hizo probablemente que no me apeteciera darlo todo de mí para ser un músico de élite: como la mayoría de los niños prefería jugar y le dedicaba a la música lo estrictamente necesario, tratando de esquivar algunas horas de estudio y contando los minutos para salir a jugar.

La familia, con sus creencias, los valores que transmiten a los hijos, es muchas veces la cuna del perfeccionismo que vamos arrastrando a lo largo de nuestra vida. Valores como el esfuerzo, ser buenos, la responsabilidad, el trabajo duro o el éxito merecido provienen con frecuencia de nuestro núcleo familiar.

Además lo que los padres nos exigían en la infancia y adolescencia, ahora, al volvernos adultos, empezamos a exigírnoslo a nosotros y a nuestros hijos, si los tenemos.

La educación

Pero no culpemos a nuestros padres de esas creencias y valores que hemos heredado de ellos. De hecho, lo que sucede normalmente es que lo que ellos nos inculcaron, lo han heredado de sus padres, de su sociedad, de su educación.

Y aquí me refiero a todo el sistema educativo: desde el jardín de infancia, pasando por la escuela, el instituto y la universidad. La educación la conforman personas, personas que como nuestros padres se nutren de los valores existentes y van aplicando las normas que consideran correctas a sus alumnos.

Vivimos en una cultura del esfuerzo, donde se premia a los buenos y se castiga o se infravalora a los no tan buenos. El sistema de evaluaciones que se sigue desde que empiezas el primero de primaria es un claro reflejo de cómo funciona nuestra sociedad. Comparamos y evaluamos a los niños en función de su rendimiento y esto inevitablemente pasa factura, pues sienten que se cuestiona su valía en función de las notas que obtienen en sus estudios.

A los que sacan notas más bajas se les considera menos inteligente o menos aplicados y eso hace que vayan creando una determinada mentalidad con respecto a sus capacidades y recursos.

Una sociedad altamente competitiva

En el mundo en el que vivimos nos sentimos constantemente comparados con los demás. Y es que a través de los medios de comunicación, publicidad, películas, series o reality shows, se nos muestra constantemente a personas perfectas, guapas, exitosas y ricas. Afortunadamente no todo en los medios es así, pero sí se nos muestran unos estándares y estilos de vida a los que muchos aspiramos.

Los valores materiales del mundo occidental también se reflejan en el mundo de las empresas, especialmente en las grandes corporaciones, en las que cobras más si ocupas puestos más altos y tienes a tu cargo a otras personas. De ahí que se crea esa sensación de tener que competir con tus compañeros de trabajo para que te asciendan y lograr mejores condiciones laborales.

Además, la constante comparación entre nuestro estilo de vida y el que deseamos se traslada a muchos aspectos de nuestra vida: desde nuestro aspecto físico o el cuidado de los hijos hasta temas como el prestigio, dinero, estatus social, etc.

Tus referentes

Y es que todos tenemos algún referente en esta sociedad. Se trata de personas a las que admiramos por su trabajo o gente a la que incluso podemos envidiar. Nos llama la atención un trabajo hecho con calidad, sin fallos y a veces quisiéramos estar en ese nivel pero sentimos que no somos capaces o que nos falta mucha formación o incluso medios económicos para lograr ese efecto.

De lo que muchas veces no somos conscientes es de la dificultad de llegar a ese nivel, pues o bien lleva mucho tiempo el aprendizaje o bien ese trabajo tan perfecto que vemos en otros no es consecuencia de una sola persona, sino de todo un equipo de trabajo que hay detrás.

El problema del perfeccionismo es que nos ponemos unas expectativas demasiado altas. Y eso, sumado a menudo a la falta de paciencia, nos genera ansiedad, frustración y bloqueos que nos impiden avanzar.

Baja autoestima y necesidad de aprobación

Algunas veces el perfeccionismo radica en nuestra necesidad de demostrarle al mundo que somos buenos y se nos ocurre que podemos conseguirlo tratando de ser mejores que los demás. En este aspecto podemos estar buscando la aprobación de nuestra familia, pareja, amigos... o incluso cubriendo nuestra baja autoestima en algún aspecto de nuestra vida (por ejemplo, una vida personal insatisfactoria) deseando ser reconocidos laboralmente y convirtiéndonos en los mejores a nivel profesional o de estudios.

Y es que algunas veces para demostrar que valemos, queremos ser mejores que nadie, buscando destacar a toda costa y recibir la atención o aprobación de los demás que nosotros mismos no somos capaces de darnos.

Perfeccionismo como parte de tu carácter

El problema del perfeccionismo es en principio cultural y educativo, pero también hay personas más perfeccionistas que otras, incluso si se han educado en la misma familia. Un claro ejemplo sería el de mi hermana Elena (la violinista) y yo. Ella siguió los pasos de mis padres y se dedicó en cuerpo y alma a la música, llevando al máximo nivel su gran talento musical. En cambio yo no resistí la presión de tener que demostrar al mundo mis talentos desde niña y de convertirme en una de las mejores pianistas, de modo que en cuanto tuve la oportunidad de hacerlo, abandoné el mundo de la música (y según me cuentan mis padres no era cuestión de talento, yo, al igual que mi hermana, tenía un gran potencial).

Así que el ser más o menos perfeccionistas también puede deberse a tu personalidad o carácter. Hay personas más impacientes e impulsivas, como es mi caso, que aunque se equivoquen, se lanzan a la piscina; mientras que otros son capaces de estar horas mejorando y perfeccionando aquello que hacen.

 

Te invito a ver este vídeo de Borja Vilaseca sobre el Eneagrama, hablando del Eneatipo 1, perteneciente a personas altamente perfeccionistas, que en el fondo tienen la herida de no ser suficientes, no ser lo suficientemente buenos:

Como este artículo me quedó demasiado largo, he decidido dividirlo en dos y en esta segunda parte del artículo te comparto las consecuencias negativas y positivas del perfeccionismo, así como trucos e ideas de coaching y la PNL para que empieces a cambiar esta actitud.

Pero me gustaría que en los comentarios nos dejaras un mensaje: ¿te consideras una persona perfeccionista?, ¿cuáles crees que son las causas del perfeccionismo en tu caso?

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27 comentarios

  1. Hola María:
    Me ha gustado mucho el artículo y el video de este chico. Me he visto muy pero que muy reflejada en el tipo número 1 del eneagrama. Yo he llegado a la conclusión de que ya no se trata de esforzarme con cambiarme a mi misma porque eso me lleva a un nivel de ansiedad bárbaro sino de aceptar que soy luz y sombra al mismo tiempo y con esas dos cosas fluir con la vida. Un abrazo muy fuerte.

    1. Qué bien que lo hayas visto así de claro, Silvia. Yo también creo que aceptarnos es el primer paso: no tratar de luchar contra nuestra naturaleza, sino aceptar que tenemos luces y sombras, como humanos que somos, ¿verdad? Y a partir de ahí tratar de vivir con menos tensiones o presiones internas o externas. Muchas gracias por dejarme tu comentario, el primero de este post 😉 Me ha hecho mucha ilusión verlo!

  2. Hola María, excelente artículo que refleja algo más común de lo que creemos.
    Como dices, hemos crecido con esos valores y dividimos el mundo y todo lo que nos rodea en bueno-malo, bien-mal, válido-no válido, y así infinidad.
    Esta polaridad no nos permite valorar la riqueza que hay en todo lo que nos rodea.
    Y también nos perjudica a nosotros claro. Porque no respetamos nuestros propios procesos de aprendizaje o de descubrimiento. Nos imponemos ser perfectos en todo.
    Yo recuerdo mucho agobio en mi infancia. Por eso quizá encontré en la escritura un medio con el que expresar mi realidad.
    Gracias por tan buen artículo! 🙂

    1. Hola Tere! Muchas gracias por comentar. Ahora que lo dices, yo también me refugié en la escritura durante mi adolescencia, porque ahí podía ser todo lo libre que quisiera: nadie me podía juzgar jeje. Si es que escribir sólo tiene beneficios! Un abrazo guapa!

  3. Efectivamente, María,
    Tal y como afirma Borja Vilaseca, la clave está en la aceptación.
    Yo creo que la aceptación es el “suavizante natural” del perfeccionismo.
    ¡Cuánta “colada mental” tenemos que hacer en nuestras cabecitas!
    Con la humildad como “detergente” y la aceptación como “suavizante” se disolverían muchas “manchas” perfeccionistas que en muchos casos emborronan nuestra valía y nuestra autoestima.
    ¡Recibe un fuerte abrazo!
    ¡Ah! Y ávida estoy por leer la segunda parte del artículo….

    1. Hola, amiga! Gracias por pasarte por aquí y dejar tu sabiduría en este blog. Me encantan las metáforas de “colada mental”, “detergente y suavizante”. Equivocarse es de valientes. No actuar por miedo a fallar éste es el problema del perfeccionista. Aunque yo sé bien que tú eres una valiente y harás grandes cosas. Por cierto, me encantaría ser parte de ello en un futuro: me presto a colaborar 🙂

  4. Hola, María!
    Muchísimas gracias por este artículo que me ha ayudado mucho a descubrir lo que puede estar detrás de mi perfeccionismo. Sí, yo también soy del “club”… 😉

    En mi caso creo que es una mezcla de influencia familiar y de la educación que he recibido. Frases como “si vas a hacerlo mal, no lo hagas”, o “las cosas se hacen bien, o no se hacen”nos han hecho mucho daño.

    Por supuesto, la baja autoestima estaba ahí también, haciendo de las suyas, (creemos que los demás nos querrán más, si somos mejores). Por suerte, es algo que con paciencia y cariño conseguí llegar a superar y ahora ya no necesito demostrarle a nadie lo que valgo.

    Aún así, creo que el perfeccionismo forma parte de mí y sigo siendo muy auto-exigente. De vez en cuando, me obligo a mí misma a hacer algo mal a propósito y a aceptar ese mal resultado que no me gusta, para “pararle los pies” a ese personajito exigente que llevo siempre encima…jajaja.

    ¡Un abrazo enorme, María!

    1. Hola Ana! Muchísimas gracias por comentar. Sé que a veces estamos faltos de tiempo, pero aprecio mucho esa generosidad!Por cierto, las dos frases que has dicho, ¿te puedes creer que me las repite mucho mi marido? Me acabo de dar cuenta que él ha tenido una fuerte influencia perfeccionista en su familia y a veces esa actitud cala tan hondo que uno ni siquiera es consciente de que pensar así no le beneficia. Me parece genial y admirable tu actitud de equivocarse a propósito para luego descubrir que no pasa nada: sigues viva, nadie te señala con el dedo, y sobre todo, que siempre se puede enderezar una situación desfavorable o un fallo. Un abrazo muy grande y agradezco tu esfuerzo por comentar, porque sé que estás a tope!

  5. Hola María . Que interesante gracias aclaraste demasiadas dudas mi hijo y hija son músicos . Son así como
    Dices el es muy perfeccionista de hecho le dan ansiedad ahora estudia en Estados Unidos y ayer me llamo diciéndome no se sí quiera ser músico puedo ir a casa en vacaciones de primavera . Falta un día . Como
    Así . Mami no se estoy angustiado . María y leyendo apenas estoy. Iniciando en PLN y no se como
    Poder ayudarlo gracias y me alimenta mucho lo que escribes saludos desde. Costa Rica .

    1. Hola Ruth. Pues espérate que la semana que viene publicaré recursos e ideas para vencer ese perfeccionismo. Lo primero sería aceptar y entender que ser perfeccionista le está trayendo problemas a tu hijo. Después ir poco a poco rebajando ese nivel de autoexigencia. En el próximo post contaré más detalles, así que atenta al blog! Por cierto, qué bonito tu país, Costa Rica. Estuve ahí en mi luna de miel y me enamoré de sus paisajes!

  6. Hola María, la verdad es que este tema da para mucho, yo he sido muy perfeccionista sobre todo en mi época de estudiante, porque en muchas ocasiones al ver que podía mejorar, me dedicaba en cuerpo y alma a ello, incluso arriesgando mi salud, a través de horas de sueño, esfuerzos excesivos. Con el tiempo desvié mi afán de perfeccionismo a otros ámbitos. Me di cuenta de que tenía una mentalidad muy rígida mentalmente, que era una persona de una sola dirección, una persona que piensa que eso es posible y que hay que llegar al perfeccionismo como sea.
    Después te vas dando cuenta que no todo lo que quieres, es posible conseguirlo y vas moldeando tu mente, de manera que vas separando hacia dónde puedes llegar y hacia donde no, lo que puedes hacer lo más perfecto posible y lo que puedes simplemente hacer bien simplemente. Aunque todavía en ocasiones trato de ser perfeccionista pero en contadas ocasiones. Por eso te comento que hay detrás del perfeccionismo una rigidez mental que te impide ver más allá, que te impide discernir hasta dónde puedes llegar, y hasta dónde no. Es decir que no eres capaz de ver dónde está el límite de la perfección, cuanto mejor veas que has hecho algo, más perfecto quieres que sea, todo es susceptible de ser mejorado. En fin María, tremendamente interesante el tema. Un abrazo amiga

    1. Hola Justino. Me alegro de que hayas superado tu propio perfeccionismo. ¿Cuáles crees que son las causas en tu caso? ¿Familia, educación, o tu manera de ser desde pequeño? ¿Y sobre todo, qué buscabas conseguir, para qué querías ser cada vez mejor y más perfecto? Creo que eso es lo más interesante 😉 Y podrás ayudar con tu ejemplo de superación a los lectores de este blog. Muchas gracias, como siempre, por comentar!

      1. Pues no sé qué decirte ahora María, probablemente que de pequeño no era, precisamente un buen estudiante, ni tampoco una maravilla en hacer trabajos, manualidades, etc, y cuando supe realmente lo que era estudiar, que había que esforzarse si o si, pues vi la oportunidad de querer ser mucho mejor de lo que había sido.

        1. Digamos que en un caso, Justino, era un poco la superación personal lo que te impulsó a desarrollar el perfeccionismo. Una intención maravillosa, que llevada a un extremo puede ser perjudicial. Me parecen superinteresantes tus aportaciones, porque siempre hay algo nuevo que descubrir después de leerte. No había tenido en cuenta ese factor: perfeccionismo como crecimiento y superación personal. Muchas gracias por compartir con nosotros, amigo!

  7. ¡Hola María!
    Me considero altamente perfeccionista, algo que consigo modificar cuando no me tomo las cosas tan en serio y lo suavizo observando como todo en la vida es “perfecto” tal como es, no con las premisas que se me inculcaron o que tiene esa palabra en la sociedad. Al fin y cabo, creo que detrás del perfeccionismo se esconden miedos como ocurre con casi todos los extremos.
    Mi perfeccionismo es educacional y cuando años después tomé la responsabilidad de mi vida, fui yo la que siguió con ese patrón de autoexigencia al extremo. (¡Qué locura!, jaja)
    En mi caso, solo se me indicaba lo mal que hacía las cosas, nunca (o yo así lo recuerdo) se me decía nada de lo que me salía bien porque eso debía ser lo normal. (Bien o mal, algo completamente relativo, no me gustan esas palabras porque quién define lo que es bueno o malo y a partir de qué parámetros…)
    No había cabida para el error, era duro, porque la autoestima se ve críticamente afectada y además de ser frustrante encima crees que eso es lo normal, jajaja. Pero bueno, lo cierto es que creo que las situaciones que a cada uno nos llegan en la vida son para mejorar y sacar un aprendizaje de las mismas.
    ¡Gracias por compartir este post tan necesario, por lo menos para los perfeccionistas, jejeje!
    ¡Abrazote!

    1. Hola Begoña. Muchas gracias por dejar tu comentario por aquí. Aunque yo no sea perfeccionista, sí que me encuentro con mucha gente que lo es y sobre todo las coachees o clientas con las que trabajo. Yo creo que esa presión es muy fuerte por parte de la educación y los padres. Al final te das cuenta de que siempre habrá algo que mejorar, pero lo importante es empezar y punto. Luego puedes ir modificando sobre la marcha. Además creo que una creencia muy necesaria es lo que añades al final:”creo que las situaciones que a cada uno nos llegan en la vida son para mejorar y sacar un aprendizaje de las mismas.” Así que aprendamos de esas situaciones y sobre todo aprendamos y aceptemos el hecho de permitirnos equivocarnos. Permítete equivocarte: date ese permiso, observa que nadie muere, que se puede cambiar. Un abrazo y gracias por dejar aquí tu testimonio 🙂

  8. La verdad es que me gusta hacer las cosas bien, pero no caigo en el perfeccionismo. El perfeccionista sufre, no es humilde, se enferma cuando no es capaz de aceptar lo que no puede hacer perfecto.
    Que lástima, pero conozco a varias personas deprimidas y ansiosas porque las ha llevado el perfeccionismo a ese estado.
    Gracias por tu artículo María.

    1. Gracias a ti por comentar, Luis Fernando. El vídeo de Borja la verdad explica muy bien el conflicto interno del perfeccionista. Lo bueno es que siempre hay posibilidad de cambio si uno quiere. Si te has hartado de sufrir, siempre hay una salida. Un abrazo!

  9. Hola, María.

    Soy perfeccionista por naturaleza. Forma parte de mi carácter. Como comentas, esto tiene sus consecuencias positivas (me gusta hacer las cosas bien) y sus consecuencias negativas (me bloqueo más de lo que me gustaría).

    Poco a poco, con la ayuda de otras personas y las enseñanzas de artículos como este, voy acallando la voz de mi perfeccionismo y escuchando más la del pragmatismo. Si mejorar una tarea que ya está bien hecha me va a llevar más tiempo de lo que me ha costado hacerla, no le dedico ni un minuto más.

    Vivimos en una sociedad competitiva, pero sobre todo, demasiado comparativa. Nos gusta compararlo todo: mi casa, mi coche, mi trabajo, mi novia/o, mi perro, mi ropa, etc. Y todo siempre desde un punto de vista emocional, tratando de ser “mejores” que el otro para demostrar nuestra valía. En el fondo no es más que falta de identidad y de autoestima.

    Un abrazo.

    1. Hola Pablo! Me alegra verte por aquí. Además me encanta ver a gente tan joven como tú con la actitud de superación constante y tanta madurez. Coincido contigo con lo de identidad y autoestima, y añado una que ya he mencionado: madurez mental y emocional. Ojo, me gustan las cosas bien hechas, y estoy segura de que a ti y a la mayoría de los que leen este blog también, pero una cosa es dar lo máximo de ti y otra muy distinta es paralizarte por creer que no es lo suficientemente perfecto. Gracias por dejar tu comentario 🙂 Un abrazo!

  10. Pues a mí me resulta complejo identificar la causa o causas de mi perfeccionismo.
    Ahora mismo diría que recibía mensajes contradictorios de mis padres, o al menos así los interpreté yo (o es como lo interpreto en estos momentos). Por una parte me decían que disfrutara de los estudios, pero por otro me decían que mi trabajo era estudiar y que mi única preocupación debía ser esa (nada de novios ni trabajos complementarios).
    Por otra parte, mi deseo de aprender. Pero el otro día fui a una charla de una coach y me ha hecho reflexionar mucho. Hablaba de cómo nuestros valores pueden estar fundados en experiencias, y realmente no ser tan importantes. Son realmente sustitutos. Por ejemplo, mi interés por aprender podría deberse no a un interés real por saber cosas nuevas, sino porque realmente no era muy sociable ni tenía muchas amigas en el colegio. Estudiar era casi lo único que tenía. Así que me convencí a mí misma que estudiar es importante para mí.
    Además, como te digo, la experiencia de ver que no era muy popular entre mis compañeras, pero que mis profesoras y mis padres me felicitaban por mis notas, me hizo esforzarme en ser la mejor estudiante. Si no podía destacar por mis habilidades sociales, mi confianza y mi decisión, podía destacar siendo la alumna aplicada que mis profesoras apreciaban.
    Así que creo que he llegado a ser tan perfeccionista por una mezcla de mensajes externos, experiencia, refuerzos externos, y personalidad unida a valores.

    1. Qué interesante lo que cuentas Irtha. Me encanta oír casos reales de personas que indagan y reflexionan en voz alta como haces tú (de hecho, es también mi manera de reflexionar y entenderme mejor). Me siento en gran parte identificada con lo que cuentas. Era poco popular y no demasiado sociable (aunque iba por rachas: recuerdo algunos años de mi adolescencia en los que era extrañamente sociable), mis padres también me inculcaron la idea del sacrificio y trabajo duro, estudiar y sacar las mejores notas… Recuerdo que a veces un 9 en literatura o inglés me desmoralizaba jeje, cuando los demás me decían: ¡si es un sobre, qué más puedes pedir! Al final tal vez no sea tan importante cuáles son las causas, puede ser una mezcla de todo, como en tu caso o en el mío, sino el cómo gestionamos nuestra actitud perfeccionista ahora, ¿verdad? Lo bueno de todo esto es que, como buenas alumnas, nos llevamos esa disciplina, bagaje, estudios, conocimientos… es algo que nadie nos puede quitar. Pero siempre podemos ir rectificando la actitud de perfeccionismo, porque está en nuestras manos. Me gustan las conclusiones a las que llego después de leerte! Gracias por comentar 🙂

  11. ^-^ A mí también me gustan los descubrimientos a los que llego con tus artículos y comentarios.
    Y creo que gracias a lo que acabas de expresar he tomado consciencia de lo que me gusta de ti y tu forma de escribir: que muestras tus procesos mentales, tus reflexiones, tus voces y mensajes… Y eso me ayuda a conectar conmigo misma, mis procesos, voces y mensajes, para llegar a conclusiones transformadoras.
    Gracias =)

    1. Qué bonito lo que dices, Irtha. Se nota que tenemos una manera de expresarnos y procesar la información parecida. Yo también aprendo mucho de tus artículos y eso me lleva a reflexiones nuevas 🙂 Un abrazo!

  12. Perfeccionismo por influencias familiares y educacionales: “lo bien hecho, bien parece”, aun dice mi padre.
    Yo, perfeccionista incluso en mi propia transformación personal y espiritual…espero que corregí ble, ahora que me dí cuenta. Graciaas

    1. Hola Consueli. Como ves somos muchas las que hemos heredado una mentalidad perfeccionista… lo bueno es darse cuenta y tratar de cambiarlo. En el artículo posterior a éste comparto la manera de cambiar esta situación. Un abrazo!

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