¿Qué hago con mi vida?

Claves del artículo:

No sé si a alguno os ha pasado, pero personalmente nunca me sentí totalmente realizada en ningún trabajo que tuve.

Tardé en darme cuenta de ello, porque sencillamente me autoengañaba: durante 7 años de mi vida he tenido un trabajo cómodo, indefinido, cerquita de casa, en una oficina grande y agradable, con su comedor lleno de luz y microondas, su café de máquina gratis, su horario de salir a la hora, su poco estrés, poca responsabilidad, sus momentos de tranquilidad. Confieso que en ese trabajo sencillo y mileurista he conseguido leer online varias novelas, libros, aprender italiano y alemán y escribir un par de novelas por mi cuenta. Espero que mis antiguos jefes no lleguen a leer este artículo. Pero también diré a mi favor que siempre he sido muy eficiente, cumplidora y muy buena en lo que hacía, tanto que una de las razones por las que mi jefa no me quiso ascender era ésta: María es demasiado buena en lo que hace, no vamos a cambiarla de departamento.

No es que trate de echarme flores, pero si he sido buena en algo hasta ahora era mi responsabilidad (será por ser la hermana mayor), constancia, el querer tener las cosas hechas a tiempo, en fin, que era muy productiva, de forma que me sobraba tiempo en mi trabajo y podía dedicarme a aquello que de verdad me gustaba: leer, aprender, escribir, crear...

Recuerdo con cierta nostalgia mi momento creativo: las 10 de la mañana, después de tomarme el primer café. Si en ese momento no había trabajo urgente que atender, mis dedos se iban deslizando con soltura por el teclado, creando palabras que iban tejiéndose solas, hilvanándose con elegancia, a veces sin ningún sentido en apariencia, pero el sentido siempre estaba ahí, ese sentido poético e inexplicable. En aquellos momentos me sentía fuerte y creativa, fluía y por unos momentos el tiempo dejaba de existir. Hasta que un día todo cambió.

No, no me despidieron. Simplemente mis circunstancias personales cambiaron y decidí dejar el trabajo para irme a vivir fuera: unas prácticas mal remuneradas pero que eran “de lo mío”, aunque “lo mío” iba también en un pack llamado “cero confort”: enfrentarme a un nuevo país, nueva cultura, idioma, gente...

Sinceramente ese cambio tampoco fue debido a mi propia voluntad: era mi vida personal la que me empujaba a emigrar. Y reconozco que lo agradecí, pero volví a trabajar en una oficina sin remuneración proporcional a mi tiempo invertido y sin grandes aspiraciones. Volvía a dejarme llevar por la vida. Era un cambio a mejor: nuevo país, nuevas oportunidades, pero seguía sin llenarme del todo.

Recuerdo que la pregunta “¿Qué hago con mi vida?” empezó a perseguirme en aquella época. Ya no vivía tranquila. Por fin entendía que aunque mi vida personal me satisfacía –¡por fin!– había un cable suelto que no terminaba de encajar: mi vida profesional. De alguna manera envidiaba a aquellas personas que sí sabían qué querían hacer con su vida, que estaban contentas y no se planteaban si toda su vida laboral sería así.

En Alemania me agobié muchísimo cuando aquellas prácticas mal remuneradas llegaron a su fin. No concebía mi vida sin trabajar. Nada más salir de la carrera, cogí un trabajo administrativo en una empresa de publicidad. Luego vinieron los 7 años en la multinacional cerca de mi casa. Después, cambio de país, de vida, de trabajo... y de repente estaba en paro. Recuerdo que mis ansias de trabajar de lo que sea eran tales que envidiaba sinceramente a los cajeros de supermercados y me dediqué a un trabajo temporal visitando tiendas para medir estanterías para una multinacional con sede en Irlanda. Además el trabajo requería salir totalmente de mi zona de confort y perder mi habitual vergüenza al hablar con los encargados y pedirles dejar hacer mi trabajo —obteniendo muchas veces un no por respuesta—, aparte de tener que hacerlo en un alemán que estaba lejos de dominar. Pero mis ganas eran superiores al miedo.

Al poco tiempo tuve suerte y por fin encontré lo que puedo llamar “el mejor trabajo de mi vida”: una empresa de marketing online, con el mejor sueldo hasta entonces, un aprendizaje de Excell a niveles hasta ahora insospechados. Me sorprendí a mi misma –ohhh palabra clave— disfrutando y creando fórmulas complicadas, optimizando recursos, generando tablas y gráficas, sacando reportes. Yo, que dejé las matemáticas en 2º de BUP y siempre he sido de letras puras.

Mi trabajo no era aburrido, era un verdadero reto. Mi jefa era la persona más exigente del mundo a la que la mayoría de empleados no soportaban, pero a la vez la mujer más original y sobre todo más profesional y dedicada que había conocido. Poco a poco llegué a entablar buena relación con algunos compañeros, y sobre todo, me levantaba contenta para ir a trabajar: sin miedos, sin desgana. Disfrutaba por fin de un trabajo que aunque me costaba realizar, me llenaba durante mis horas de trabajo, el tiempo se me pasaba volando, aprendía alemán y perfeccionaba mi inglés a pasos agigantados. Y eso sin contar la ubicación de la empresa: un chalet cerca del bosque, al lado de un río que en verano se convertía en un paraje de ensueño: piedras, aguas que corren, árboles de un verde intenso y caminos misteriosos alrededor... en pleno corazón de Baviera, el lugar más bello que conozco durante la época estival.

¿Significa todo aquello que era el trabajo de mi vida? Todo encajaba, de hecho es el único trabajo que recuerdo con verdadero cariño. Pero faltaba una gran parte de mí: mi creatividad, mis palabras, mi búsqueda interior, mi necesidad de realizarme y de aportar algo al mundo. En aquella empresa lo que aportaba era un beneficio para mis jefes, para los clientes... pero no sentía que aportaba verdadero valor. No estaba siendo yo. Cuando las circunstancias personales hicieron que tuviera que cambiar de país de nuevo, reconozco que lo hice con cierta nostalgia, pero algo en mí me decía que me esperaban tiempos mejores. Y lo cierto es que no me equivoqué.

En Holanda no conseguí encontrar un trabajo, pero mis ganas eran casi nulas comparadas con las que tuve en Alemania a la hora de buscar empleo. Mi vida empezaba a cambiar, muy desde dentro. Poco a poco. Leyendo, estudiando, informándome, comprendiéndome... mi deseo era hacer algo que mereciera la pena. Y abrí este blog. Primero dedicado a los Vedas. Después al desarrollo personal. Ahora al Coaching y la Inteligencia Emocional.

Esta que os cuento es la historia de cómo he llegado hasta donde estoy hoy, por qué he llegado tan tarde, qué cambios me impulsaron a ello. Si hace 5 años, mientras todavía trabajaba en la oficina en Las Rozas, alguien se hubiera acercado a mi puesto y me hubiera dicho lo que los próximos 5 años de mi vida me depararían, simplemente me reiría y no lo habría tomado en serio. Reconozco que todos estos cambios no serían posible si no fuera por una persona que ha creído en mí, esa persona con la que comparto mi vida, la que vio en mí algo que hasta ahora nadie ha sabido ver: creatividad, capacidad, inteligencia, fuerza.

Ojalá todos nosotros encontremos a esa persona: amigo, pareja, hermana, compañero o Coach... que crea en nosotros, que nos haga ver que somos capaces de más, que somos verdaderamente grandes, que podemos cambiar a mejor, que nuestra vida merece ser vivida de forma auténtica y plena. A veces nos olvidamos de ello o simplemente no nos atrevemos a más. La vida puede cambiar en cualquier momento, muchas veces cuando menos te lo esperas. Sólo hay que dejar una puerta abierta al cambio y pensar que lo mejor está por venir.

12 comentarios

  1. HE LEÍDO CON MUCHO DETENIMIENTO TU HISTORIA , TU VIDA LABORAL. LA VERDAD ES QUE , TIENES RAZÓN, EN CUANTO A QUE NO SABEMOS LO QUE NOS PUEDE DEPARAR, EL MAÑANA, QUE A VECES ARRIESGAS, SIN SABER SI LUEGO TE VA A IR MEJOR O PEOR. AUNQUE TAMBIÉN ES CIERTO QUE MUCHA GENTE, SE HUBIERA QUEDADO EN TU PRINCIPIO O CASI EN ÉL, PORQUE CADA UNO ES COMO ES, PUEDE QUE A OTRAS PERSONAS LES GUSTASE, NO QUISIERAN CAMBIAR DE VIDA, DE FUTURO, BUENO, CADA PERSONA ES UN MUNDO. LO QUE ESTÁ CLARO QUE TE HAS SIDO DECIDIDA, HASTA LLEGAR A ESTO, QUE HAS TENIDO EXPERIENCIAS NUEVAS, “SUFRIDAS” O “DISFRUTADAS. PERO NO TODOS, SOMOS ASÍ, YO DESDE LUEGO QUIERO UN CAMBIO EN MI VIDA, LABORAL SOBRE TODO, PERO HAY MUCHAS CIRCUNSTANCIAS EXTERIORES QUE TE LO HACEN PENSAR MUCHO, Y QUE AL FINAL NO TE ATREVES.

    1. Entiendo perfectamente lo que me dices, Justino. De hecho me costó tomar aquella decisión inicial. Me lancé con un paracaídas, como dijo una vez un amigo. Cogí una excedencia de un año en aquel trabajo fijo y eso sí, luego ya no volví. Lo más difícil es dar el primer paso, y cuando ya estás en el camino, por difícil que sea ya no quieres volver hacia atrás. Al menos en mi caso. Me gusta recordar lo bueno del pasado, pero nunca quiero volver a él, porque tengo la convicción de que el futuro será siempre mejor. Esa creencia me ayuda a vivir de forma más optimista. Hablamos la semana que viene. Un abrazo y gracias por comentar, amigo.

  2. Hola María, me ha gustado tu entrada. Se nota que eres una persona fuerte y con un profundo sentido de búsqueda interior.
    En mi caso, y a diferencia del tuyo, tengo o he tenido dos serios inconvenientes para realizar esa búsqueda a la que aludía antes. En primer lugar, el estar atado (quién sabe si de por vida) a un préstamo hipotecario me ha impedido cambiar de trabajo, ni si quiera planteármelo. El miedo al paro y perder mi pequeña vivienda, amen de perjudicar a terceras personas como avalistas que en su momento nos impuso el banco, me hace del todo imposible esos cambios, pues sólo conseguiría traer más inestabilidad a mi vida.
    La segunda cosa que tampoco he tenido en mi vida, es la figura de esa persona que me animara a emprender y confiar en mí mismo y en mis proyectos. Y no me refiero a falta de cariño o amor que siempre lo he tenido por parte de esas personas próximas; sino justamente a lo que te referías del apoyo o confianza…De hecho, lo poco que he conseguido, ha sido por iniciativa propia, en contra de opiniones de hermano mayor, algún amigo….etc. En fin, creo que hay personas que no necesitan ese apoyo externo, pero no es mi caso.
    Te doy las gracias nuevamente por tu fabuloso blog pues siempre encuentro algo que me interesa y llega hondo. Por supuesto, desearte a tí y a todos mucha suerte en todas vuestras iniciativas y proyectos.

    1. Hola Javier. Entiendo lo que dices: una hipoteca resulta a veces la mayor atadura de nuestra vida. Pero eso no quita que puedas seguir indagando o al menos encontrar un hueco para tu realización, aunque sea en los momentos de ocio. Lo de esa persona que te apoye es superimportante. Muy pocos somos capaces de lanzarnos solos, necesitamos sentir que hay gente que apuesta por nosotros. Y ahí la figura de un Coach puede ser perfecta. Por eso he decidido dedicarme a esta profesión, porque en el fondo eché de menos a esa persona a mi lado desde antes de empezar mi carrera. Y de nuevo, gracias por comentar y por aportar tu visión de las cosas. Me parece genial que no sólo leáis lo que escribo, sino deis vuestra opinión y hagáis el contenido que publico más rico, más vivencial, más cercano. Un abrazo.

  3. Me siento identificada con lo que cuentas. Yo estoy en ese proceso de encontrar mi verdadera vocación y puedo percibir que la toco con los dedos, aún no llegué pero estoy en el buen camino.

  4. Siento algo muy parecido María,
    Si miro hacia atrás y me pongo en el momento en el que acabé la carrera, jamás habría creído que hoy estaría así, aquí, escribiendo este comentario.
    Hace ya 15 años que dejé un trabajo en Málaga para irme a una beca a Las Rozas precisamente (coincidencia?) y desde entonces mi vida no a parado de cambiar.
    En mi caso he tenido la suerte de confiar siempre en mi mismo, en mi instinto, haciendo cosas que los demás no entendían, pero que al final siempre ha tenido un sentido en mi vida.
    Por supuesto tengo la suerte de compartir mi vida con alguien que cree en mí, en mis proyectos y comparte mi manera de ver la vida. Todo lo hace más fácil…
    Gracias por escribir como lo haces María, con ese fluir que nace del corazón.
    Un fuerte abrazo,
    Álvaro

    1. Muchas gracias, Álvaro. Es curiosa la coincidencia. Yo trabajé en HP, no sé en qué empresa estuviste tú, pero sí hay muchas empresas por ahí. Mi trayectoria laboral no ha ido encaminada precisamente por eso: por mi falta de confianza en mí misma, que a día de hoy de vez en cuando vuelve a salir a flote, pero ya tengo muchísimas más herramientas para lidiar con ello y además ya sé cuál es mi camino. Un abrazo y ya sabes, espero coincidir en Madrid un día y tomarnos ese café.

  5. María!

    De nuevo me pillaste leyendo tus post!

    Increible historia, muy motivadora para mi. Es increíble como la vida puede dar giros tan inesperados, aunque realmente es un ejemplo de no rendirse ante el miedo y el conformismo y dar lo mejor de si.

    Me agarra de sorpresa el que mencionaras que hay alguien que creyo en ti y que siempre tuvo una fe, de verdad nació en mi un sentimiento muy bonito al leer eso. Yo también soy de la idea que además de tu propia fuerza es de gran apoyo una persona que este ahí aportando “lo que sea” para seguir adelante.

    Oye y que buenos viajes! Me gustaría también viajar por el mundo!

    Saludos

    1. Hola, Mauricio. Pues sí, para mí ha sido muy importante que otra persona creyera en mí. De hecho esta es la razón por la que muchos acuden al coaching, porque dar un cambio en tu vida por tu cuenta, cuando no confías en ti o tienes la autoestima baja, es muy difícil. Y los viajes la verdad son una gran oportunidad de salir de tu zona del confort y de aprender, aunque a veces parezca un poco duro o te sientas más solo que en tu propio país. Un abrazo!

  6. Tu historia María, tiene dos puntos muy concordantes con la mía.

    Lo primero es que ambos nos preguntamos qué hacer con nuestras vidas cuando llegábamos a un punto de conformidad después de haber pasado grandes dificultades y la segunda es que contamos con una persona que cree en nosotros de manera incondicional incluso más que nosotros mismos.

    Sueño con que mi historia siga tu mismo rumbo , y que dentro de cinco años pueda contar también que tengo resultados que ahora no me puedo imaginar.

    Gracias por compartir tu historia. hasta ahora me encuentro con tu blog, pero creo que me va a ser de mucha utilidad.

    1. Claro que sí Jony! Estoy segura de que si realmente lo deseas, te lo propones, das los pasos necesarios tú también llegarás donde quieres. Tenemos un poder interno ilimitado que a menudo despreciamos, pero absolsutamente todos lo podemos lograr, sea ahora o más adelante. Un abrazo y mucho ánimo en tu camino!

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